La calma de un domingo sevillano
Rey San Fernando // A veces basta con abrir los ojos. Y escuchar las campanas.
Rey San Fernando // A veces basta con abrir los ojos. Y escuchar las campanas.
Rey San Fernando // Y ninguna sucesión de algoritmos, por admirable que resulte su eficacia, alcanzará jamás a reproducir semejante misterio.
Rey San Fernando // Sean felices y besen y abracen a sus abuelos.
Rey San Fernando // No será una ocupación, sino una restitución poética.
Rey San Fernando // «¡España no busca enemigos, busca gloria! ¡España no conquista tierras, conquista recuerdos!».
Rey San Fernando // Cuídense, protéjanse y no sean buenos, incluso en este Infierno a la sevillana.
Rey San Fernando // En Sevilla sucede lo contrario.
Rey San Fernando // Porque hay miradas que pertenecen al tiempo y hay otras que pertenecen a la eternidad.
Rey San Fernando // Sean felices y deambulen sonrientes por la sombra, aunque alícuota.
Rey San Fernando // El mismo Señor que recibe homenajes en nuestras plazas es quien sostiene la barca de la Iglesia en medio de los oleajes de cada época.
Rey San Fernando // Hoy florece la ternura del cayado espiritual con el que María reúne a sus ovejas dispersas por los senderos inciertos del mundo.
Rey San Fernando // Y en medio de aquel Cenáculo estaba Ella. Siempre Ella.