Manual de un cabildo imposible

Avatar de Estrella CarreñoPublicado por

No soy neutral y quién me conoce lo sabe. Y, ojo, tampoco pretendo serlo. No porque no tenga criterio, sino porque lo tengo muy claro, quizá demasiado.

Dicho esto, vamos al turrón.

No entendí del todo la decisión de la Junta de gobierno de mi hermandad de la Estrella de llevar a cabildo un solo boceto después de crear una comisión artística. Si se crea una comisión con personas cualificadas, su papel no puede quedarse en algo decorativo. Ahí, en mi opinión, se pudo gestionar mejor.

Igual que tampoco entendí que el proceso acabara reduciéndose a una única propuesta cuando había más opciones trabajadas. Si la comisión entendía que una era la más adecuada y la junta optó por otra, es lógico que muchos hermanos se pregunten qué papel real ha tenido esa comisión.

Hasta aquí podríamos estar hablando de arte pero lo que vino después tuvo bastante menos de arte y bastante más de espectáculo o de no saber estar.

Porque el cabildo no fue solo un debate artístico. Hubo intervenciones con cuestiones personales fuera de lugar, asuntos ajenos al misterio y momentos de tensión innecesaria. El ambiente se cargó más de lo debido y hubo instantes que no deberían normalizarse en una hermandad.

Y no lo digo por la junta de gobierno, al contrario. La junta estuvo a la altura en un contexto difícil. Incluso el hermano mayor tuvo que reconducir intervenciones para mantener el orden del cabildo.

También se habló del sistema de votación y aquí voy a ser muy clara. Se votó a mano alzada porque así lo decidió la propia asamblea y, además, viene recogido en las Reglas por lo que la junta de gobierno no fue quién no lo permitió, vamos a dejar eso cristalino. Se hizo de forma abierta, transparente y sin nada que ocultar. Con tres opciones: a favor, en contra y abstención.

Quien votó en contra levantó la mano. Quién se abstuvo también y el resto, los que no se posicionaron en esas dos opciones, fueron contabilizados como favorables dentro del sistema aprobado en el propio cabildo. No hay más lectura posible sin forzar la realidad. Había tres opciones y el procedimiento fue público y conocido por todos, por eso me resulta difícil entender que se hable de irregularidades, dictadura o impugnaciones que no se sostienen con lo ocurrido.

Pero lo más preocupante no es eso, es el clima que se generó por ciertas intervenciones (llegando a escuchar, vergonzosamente, abucheos). 

Porque da la sensación de que todo lo que hace esta junta se juzga, no por lo que hace, sino por quién lo hace y eso, me van a permitir, desgasta cualquier hermandad y a cualquier hermano, aquí y en Pekín. Se deja de debatir una propuesta para debatir quién la presenta, se deja de analizar una idea para analizar un apellido y se deja de votar un proyecto para votar un bando. Ahí empieza el problema.

Esta junta ganó las elecciones en 2025 por siete votos. Siete. Un margen mínimo que ya mostraba una hermandad dividida y desde entonces parece existir un sector instalado en la oposición permanente, como si las elecciones no hubieran terminado y como si cualquier iniciativa tuviera que pasar primero un filtro político antes que un análisis sereno.

Eso agota. Fiscalizar es necesario. Desgastar, no.

También se informó de algo importante. La intención de esta junta es dejar el proyecto completamente abonado durante su mandato, aunque lo termine estrenando otra junta y eso merece ser reconocido.

Gobernar no es solo inaugurar y hacerse la foto o pasar a la historia por haber hecho algo. Es asumir costes, planificar y dejar las cuentas en orden, o eso creo yo, pero por descracia no siempre ha sido así. 

En San Jacinto sabemos lo que es heredar compromisos económicos y proyectos de otras juntas y tener que asumirlos después e incluso incrementarlos por arreglo de desperfectos. Piensen que, a lo mejor,  por eso es justo poner en valor esa voluntad de responsabilidad. Quizá no sea lo más vistoso, pero sí lo más serio.

Aquí también quiero ser honesta. Conozco a esta junta. Trabajo con ellos y participé en la campaña defendiendo su proyecto y lo dije y posicioné públicamente . Les tengo un cariño enorme a muchos de ellos por lo que no me interesa disfrazar mi posición. No soy neutral, pero tampoco soy acrítica. Precisamente por eso puedo decir lo que no me gusta sin problema.

Discrepar de decisiones concretas no significa negar aciertos por sistema porque entonces dejamos de juzgar hechos para juzgar personasy ahí empiezan los problemas de verdad.

Me pasa un poco como con en el Sevilla. Se puede discutir todo, que no te guste un jugador, que no te haga gracia el entrenador pero desde el momento que esas personas defienden ese escudo, que es tu escudo, hay una decisión previa: o estás dentro o estás fuera y yo estoy dentro, subida en el barco y no porque todo se haga bien, sino porque las hermandades se construyen desde dentro, no desde la oposición permanente.

Porque querer a nuestros Titulares no es solo emoción en la calle o presumir de hacer un trabajo el Domingo de Ramos absolutamente brillante, con esfuerzos titánicos (no se olviden que ahí el capitán tiene patillas y es un gran jefe, tome las decisiones que tome, yo, por ejemplo, voy a muerte con él). También es sostener la hermandad cuando gobiernan otros aunque no te guste todo lo que hagan y eso también es quererla.

Porque aquí el problema no es un boceto, ni una comisión, ni una votación. El problema aparece cuando todo se convierte en batalla. Cuando se entra a cualquier propuesta con el rechazo ya preparado. Cuando el desgaste se vuelve un objetivo y cuando pesa más el choque que la hermandad.

Porque una hermandad dividida en bloques pierde siempre y cuando el orgullo pesa más que el proyecto común, cuando la rivalidad parece que importa más que los Titulares, cuando el interés de una parte pesa más que el bien común, ya no importa quién gane una votación porque en ese momento ya hemos empezado a perder todos.

Y una hermandad que olvida caminar unida detrás de sus Titulares acaba, inevitablemente, perdiéndose a sí misma. 

Porque las personas pasamos pero Ellos no. Y el tiempo que estemos aquí no es para discutir eternamente entre nosotros sino para caminar juntos detrás de Ellos como nos enseñaron nuestros padres, como nuestros mayores lo entendían y como hoy lo mostramos a nuestros hijos.

Deja un comentario