Manuscrito en penumbra

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Con el candil dando la ínfima candela que le permite este Rey, y sobre el primer pergamino encontrado. Aquende hallome, sin saborear cada trazada de tinta, sin paladear el regusto de apuntar a nada ni nadie con lobera. Lobera, abandonada, sin afilar y sin su brillo característico.

No es momento de regocijos porque hasta el mismísimo Rey posee fracciones temporales donde todo no es gloria, donde andurreas escabulliéndote de bufones y donde la cohorte molesta con su sola presencia.

Aquende, en penumbra, como mi alma, en contraprestación a la luz del reino, como enemigo del brillo que irradias con tu sonrisa, como la mirada vidriosa del infante que se enfunda y se desvive aromatizando cada algún de su barrio delante de su Virgen de Gloria, sí, la que habita en el rincón donde menos estorba pero hoy es Gloria Mariana por ser excusa para fijar cada pelo, apretarse en un traje manido y presumir de falsa Fe.

No es un pergamino para el recuerdo, como tampoco lo deben ser otros personajes que emanan de los subsuelos cristianos para que no gane su presencia en el retrato para la historia.

Perdonen pues mis vocablos encadenadlos de este dominical y perdonen la agresividad del momento. Será la penumbra en la que me hallo manuscribiendo. Será…

Ahora limpiare los goterones derramados de tinta sobre mármol el mármol para que maje. Nadie sienta preocupación alguna por el sentir.

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