Los cinco crucificados de la Lanzada a lo largo de su historia

La Hermandad de la Lanzada ha pasado por numerosas vicisitudes a lo largo de su historia, tanto por cuestiones económicas y políticas. Este hecho viene reflejado en su patrimonio artístico e incluso en sus imágenes, en especial con su crucificado, el cual ha llegado a contar hasta con cinco titulares distintos.

Crucificado de papelón de la Lanzada // Felipe Bermudo

El crucificado primitivo

Desde su fundación a finales del siglo XVI, cuando la corporación era aún tanto de luz como de sangre, tuvo como titular además de la Virgen de Guía, a un crucificado realizado en pasta bajo la advocación de la Lanzada, cuya autoría y destino final se desconocen.

Esta imagen recibió culto en San Nicolás, la cual realizó su salida procesional desde 1612 a 1622 de manera ininterrumpida. En 1623 la corporación se vio obligada a fusionarse con las hermandades del Traspaso (actualmente la del Gran Poder), Tres Necesidades y la Soledad del Carmen (ahora Soledad de San Lorenzo). El vínculo con las dos primeras se pierde en 1626 y con la Soledad se prolongaría hasta 1630. Desde aquel año hasta 1642 se pierde cualquier referencia.

En 1642 se fusiona con la hermandad de gloria del Buen Fin en el barrio de la Feria. Pasa a ser como titular una talla letífica de la Virgen del Buen Fin, suprimiendo la advocación de Guía, cambiada treinta años más tarde por una dolorosa. En 1653, los titulares de la Lanzada se trasladan al convento de San Basilio.

Los avatares del siglo XVIII y principios del XIX

Ya en el siglo XVIII volvió a realizar su estación de penitencia, pero de forma intermitente. En 1713 se estrenaron las andas procesionales y nuevas imágenes para el misterio, conservándose en la actualidad la de San Juan. En esta centuria llegó a ser embargada en 1733 con todos los enseres de plata que poseía por no poder pagar la cera de su estación de penitencia, dejándola en un periodo de postración hasta 1754, donde volvió a retomar la actividad.

En esa fecha los abades del convento de San Basilio tomaron el mando de la corporación, donde incluso compraron un almacén en la calle Tocino con Parras para las imágenes secundarias y los pasos procesionales. Por desgracia, el edificio se vino abajo en 1798 por su lamentable estado de conservación perdiendo prácticamente la mayoría de sus enseres allí depositados salvo las Imágenes secundarias que quedaron seriamente  dañadas. Dejaría a la hermandad de nuevo en un período de postración y auspiciado además por las malas relaciones con los abades del convento a finales del XVIII.

Se intentó volver a revitalizar la hermandad a principios del XIX, llegando incluso a salir procesionalmente en 1808 desde San Marcos. En 1810 el convento de San Basilio fue expoliada por las tropas napoleónicas, dejando seriamente dañados al crucificado, San Juan, dos de las Marías, Longinos y los dos ladrones. La peor parte se la llevó la imagen de Santa María Magdalena, que fue quemada, y la Virgen del Buen Fin, la cual fue mutilada con sables. Por este motivo, Juan de Astorga ejecutó en ese mismo año la actual dolorosa del Buen Fin además de otras imágenes secundarias y restauración de san Juan.

En 1818, la corporación decide salir de San Basilio a pesar de la prohibición de los abades del convento, incluso llegó a intervenir la autoridad civil y se trasladaron a la Iglesia de San Francisco de Paula.

Cristo de la Buena Muerte de los Estudiantes // Ángela Vilches

El Cristo de la Buena Muerte de los Estudiantes, cedido en 1833

En un nuevo intento por revitalizar la hermandad, se realiza en 1833 una nueva estación de penitencia. Con motivo del mal estado de conservación del primitivo crucificado, los jesuitas cedieron el Cristo de la Buena Muerte, en la actualidad titular de los Estudiantes. Lo hizo en las andas de la desaparecida Hermandad del Despedimiento, mientras que la Quinta Angustia cedió a los dos ladrones y a la Magdalena.

En 1836 con motivo de la desamortización de Mendizábal, se produjo la exclaustración del convento de San Francisco, obligando a trasladar a los titulares a casas de hermanos, ya que su capilla pasó a ser cuadra de mulas para el ejército de Artillería. Años más tarde volvió de nuevo a la iglesia de San Francisco de Paula, contando con la protección del párroco José Carlos Gadeo.

El crucificado de papelón de la Antigua y Siete Dolores

En 1844 se decidió volver de nuevo a San Basilio, pero las obras de restauración del convento, y la oposición de la Iglesia de San Francisco de Paula a volver allí, obligaron a la Lanzada a trasladarse al Santo Ángel durante cinco años. En 1849 pudieron volver a San Basilio, siendo ese año el último que procesionaría el primitivo crucificado.

En 1850, y gracias a las gestiones de los duques de Montpesier, la corporación obtuvo la cesión de un crucificado de papelón perteneciente a la desaparecida Hermandad de la Antigua y Siete Dolores. El cierre al culto de San Basilio obligó de nuevo el traslado al Santo Ángel.

El crucificado de los Desamparados de Martínez Montañés

Este crucificado de papelón fue retirado al culto poco tiempo después. Con motivo de esta estancia en el Santo Ángel pasó a ser como nuevo titular el actual cristo de los Desamparados de Martínez Montañés.

Tras un nuevo período de decadencia, volvió a resurgir la corporación en 1875, siendo elegido como mayordomo el imaginero Manuel Gutiérrez Cano, haciendo su estación de penitencia de forma intermitente. Ya en el siglo XX, y tras las malas relaciones con la comunidad carmelita, se suprimió la salida procesional en 1915 y la pérdida de la cesión de la imagen montañesina.

La vuelta del crucificado de papelón y la llegada del actual de Illanes

Por este hecho, la Hermandad de la Lanzada decidió trasladarse en un primer momento a San Román y un año más tarde a San Gregorio, experimentando su estabilidad definitiva llegada hasta nuestros días. La corporación llegó a costear un retablo para la ubicación de sus titulares allí y además recuperó al cristo adquirido en 1850.

Esta imagen llegó a procesionar en la corporación hasta 1928, pero no sería hasta 1936 cuando lo haría con la Hiniesta cedida para la ocasión, por la pérdida del titular de la corporación del Domingo de Ramos en el incendio intencionado de la parroquia de San Julián. En 1937 fue adquirida por la Hermandad de la Vera Cruz de Mairena del Alcor, procesionando en la actualidad, aunque solo se conserva el busto por el mal estado del cuerpo. Esta restauración fue realizada en los años 90 por Luis Álvarez Duarte.

En 1929 se bendice el actual crucificado, obra de Antonio Illanes. En 1932 se trasladan a su sede definitiva, la Iglesia de San Martín, aunque en 1940 haría estación de penitencia desde San Gregorio. Desde esa fecha hasta la actualidad hace su correspondiente estación de penitencia cada Miércoles Santo desde San Martín.

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