El pasado mes de julio, la iglesia conventual del Santo Ángel presentó la restauración de dos santas atribuidas al círculo de Francisco de Ocampo. Se trata de Santa Ángela de Bohemia y la Beata Juana de Tolosa.
Estas tareas han sido realizada por Carles Salafranca y ha sido subvencionado por la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Las imágenes han formado parte del último besamanos de la Virgen del Carmen del Santo Ángel.
La restauración de las santas
Tras una limpieza inicial, el primer reto fue consolidar la debilitada y alterada estructura de las piezas: mediante micro-inyecciones de resinas acrílicas y cola orgánica, se fijaron las grietas y los levantamientos de la policromía. Posteriormente, se acometió la limpieza físico-química en dos fases. Una primera para eliminar los barnices oxidados. Se empleó una mezcla de disolventes de rápida evaporación para eliminar el barniz oscurecido por el tiempo sin dañar el color original. Y una segunda fase utilizando agentes limpiadores suaves, con la que se retiró la suciedad acumulada sobre los ropajes y las carnaciones, eliminando además los repintes inadecuados de épocas posteriores que ocultaban zonas de desgaste y faltantes.
Después, se aplicó un barniz protector intermedio a modo de aislante entre la madera original y los materiales añadidos en la restauración. Uno de los puntos más delicados fue la recuperación de las peanas, que se encontraban muy deterioradas. Para devolverles la estabilidad estructural, se reforzaron injertando madera nueva de pino y recreciendo sus volúmenes, finalizando su decoración con tonos tierra, almagra y negro marfil, además de una sutil cenefa dorada. Para la pérdida de volúmenes en manos, dedos y ropajes, se utilizaron masillas sintéticas de alta estabilidad. Posteriormente, se realizó el estucado y la reintegración cromática de las lagunas de color.
Se utilizaron acuarelas y témperas, y una fase final con colores al barniz, aplicando el sistema de regatino, lo que permite que las partes restauradas se integren visualmente a ojos del espectador, pero sean perfectamente identificables para los expertos a corta distancia. En las zonas doradas se recuperó el brillo de los estofados mediante matices dorados y veladuras de cera para igualar el desgaste histórico de las piezas.
El final del proceso de intervención ha sido la restitución de los atributos iconográficos de las santas, indispensables para su correcta identificación y que se habían perdido con los años. Con la beata Juana de Tolosa, como conservaba su libro bajo el brazo (tallado en el mismo bloque de madera), se procedió a la reconstrucción y tallado en madera de pino de la cruz arbórea que sostiene en su mano izquierda, la cual ha sido policromada y dorada.
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Fotografías: Carlos Iglesia.
