Manuscribir en el olvido

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Ni el título es titular, ni suplente, ni siquiera está en la grada con sancionados y olvidados por respectivos estrategas. No y sí, no verso acerca del encuentro de esta nocturnidad, no, aunque como inicio al desencadenante textual venidero, me aferro a él cual asa de la que tirar sin pavor ya que lo estimado cayó en el olvido.

Dominical establecido, pensado y meditado. Una genialidad al alcance de breve cuantía de eruditos en promulgar la nada y ¡Albricias!; aquende hallome silenciado, en modal de Iberia, sin cobertura y escasa luz en el candelabro que marca el camino incandescente de la tinta.

Pergamino en blanco, a medias, en un cuartil de semejanza tal vez, y aquende sigo ‘in albis’, merodeando tras las columnas catedralicias, rebuscando en resquicios góticos y guaridas secretas que no debo manuscribir acá. Quizás solicite ayuda, a modo de gymkana y premiaré al que encuentre esos matices pensados y los haga parrafada.

¡Hágome vetusto!

Callejuelas, plazas, adjetivos, sustantivos y alguna cerveza a menos de 2,30€, y nada, no hay determinación.

Dicho esto, y solicitando audiencia ante la cohorte del reino por tal, en la nocturnidad, Sevilla se descompone en un frente dual; dos colores apoyados en lo Inmaculado, dos batallones, par de sentimientos, dúo incorregible e inentendible extrarradio, extramuros, extra lo que queráis.

Sevilla hoy se divide en una de sus cosas más puras y no, gracias al Padre Celestial no verso acerca de las Esperanzas, ni de las orillas del Guadalquivir.

¡Gocen!

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