400

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Así, de esta hechura atavía este Rey Santo a su manuscrito. Así, multiplicando por la decena la numeración bíblica.

En un centenar de casuísticas acontece el 40 en el Libro Sagrado: “Moisés guió al pueblo de Israel durante 40 años por el desierto hasta la Tierra Prometida y pasó 40 días de oración en el monte Sinaí antes de recibir las Tablas de la Ley” reza el Deuteronomio en su capítulo 9 versículos del 9 al 11.

El gigante Goliat se mostró desafiante ante el pueblo de Israel en fracción temporal de 40 calendas, Jesús, Hijo del Altísimo fue presentado en el Templo a los 40 días de su nacimiento, y cuarenta fue la cuantía de su deambular desértico.

Pues Sevilla, el reino de la alegría, del colorido, la primavera perfecta, el de la vereda acuosa inconfundible, el reino dual va más allá de las propias Escrituras y multiplica por diez esos días para que los segundos parezcan lustros, los minutos décadas y las mensualidades se viren eternas. Sístoles y diástoles suplican camisa de fuerza, mientras nuestros motores de sentimientos se detienen a la vez que se aceleran de manera incontrolada. Sí, no cabe número bíblico que Sevilla no esté capacitada para atravesar, pulverizar y destrozar como si de un récord para la historia se tratase.

¿Y por qué Sevilla? Y ¿Por qué, Sevilla? Lanzó ambas cuestiones a los vendavales y entre susurros y ecos de callejuelas convergen en San Lorenzo, a la verita de una parroquia que tantos segundos te tuvo y que ve cómo el Hijo de Dios, el que de verdad puede la totalidad, mirando a los ojos al bicho se decidió y salió a la calle. Escasos pasos, firmes y seguros para mostrarle al reino que su Poder, su infinito Poder, el más Grande, superlativo, posee la Certeza, y nos inunda de ese algo denlo que solo entiende el sevillano.

Dios salió a la calle y vio la luz del Reino para que el reino viera la Luz.

De cuarenta en cuarenta contean en las Sagradas Escrituras mientras Sevilla lo hace de 400 en 400 y todo gracias al Señor de Sevilla, a su existencia y a ese irresistible visita a su trasera, a su cruz. A ese talón desgastado por el amor.

Cuatrocientas anualidades de Ti, Gran Poder.

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