El Señor del Gran Poder, Juan de Mesa y los 400 años de una devoción universal

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1 de octubre del año 2020. Justo en esta jornada, se cumple el 400.º aniversario de la hechura de las grandes imágenes devocionales, no solo de la ciudad sino de toda la Iglesia Católica, y que se ha mantenido como referente de su vida espiritual: Nuestro Padre Jesús del Gran Poder.

Una imagen nacida de las manos de Juan de Mesa y que justo cuatro siglos después presidirá una misa pontifical en su honor en la misma plaza de San Lorenzo.

El Señor del Gran Poder

El Señor del Gran Poder es una talla única, realizada en madera de cedro con la peana en pino de segura, de una medida ligeramente superior al natural, distorsionada por el efecto de su posición, sacrificio auténtico del cánon escultórico en virtud de la exaltación del dinamismo y realismo.

Está completamente tallada, con los brazos articulados para disponerlos entorno a la cruz o maniatarlos para traslados y su anual besamanos. Está policromada, con múltiples lagunas históricas en el rostro, asemejando la piedad popular su aspecto doliente.

Representa al Señor a una mediana edad, con el cabello largo agrupado en mechones del que sobresale el que pende del lado derecho de su frente. Con barba bífida, minuciosamente tallada, presenta el ceño levemente fruncido, las cejas enarcadas, traspasada la izquierda por una de las espinas, y los ojos almendrados, parcialmente entornados, con la nariz abultada en el centro y los labios carnosos.

Esta imagen está marcada por la emotividad y el dramatismo, que se plasma aquí en la zancada poderosa, al igual que la corona de la serpiente del pecado que Él derrota que se enrosca imbricada en su cabeza, las espinas que traspasan la ceja y con ella su mirada de amor, y las que lo hieren en la frente y la oreja. Lleva al espectador y devoto hacia un espíritu penitencial en el que Cristo dialoga con el hombre, le muestra resignadamente su destino y lo acoge inundando de ternura y de firmeza al que lo presencia. “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”.

Culminado el Manierismo, marca un punto de inflexión en la escultura que hasta entonces ilustra las creaciones del cambio del siglo XVI al XVII, cuyo referente había sido el clasicismo y humanismo, como el Señor de Pasión de Montañés o el Cristo de la Buena Muerte para la Compañía de Jesús en 1620, tornando hacia un arte más temperamental, en el que la fuerza arrasa hacia un realismo que es cercano al pueblo.

Aparece revestido con túnica color morada que en la estación de penitencia suele ser lisa desde principios del siglo XX, aunque según la época y festividad ha alternado las bordadas que se le documentan desde el siglo XVIII.

El descubrimiento de la autoría de Juan de Mesa

Históricamente se pensó que esta talla fue esculpida por el maestro de Juan de Mesa, Juan Martínez Montañés.

En 1920, Adolfo Rodríguez propone que la hechura del Señor de Sevilla, al igual que el Cristo de la Conversión y el de la Misericordia del convento de Santa Isabel sean obras de Juan de Mesa y Velasco. Ya en 1930, Heliodoro Sancho Corbacho encuentra el documento de la carta de pago de la obra, conjunta a la hechura del San Juan, por los que el insigne imaginero recibe 2.000 reales de a 34 maravedíes cada uno en una relación cerrada en octubre de 1620, y que reza así, con la firma del propio imaginero y de los escribanos Bernabé de Baeza, Pedro Guerrero y Josepe de Escavias:

“Sepan quantos esta carta vieren como yo, Juan de Mesa, escultor, vecino de esta ciudad de Sevilla, en la collación de San Martín, otorgo y conozco que he recibido y recibí de la Cofradía de Nuestra Señora del Traspaso, que está sita en el monasterio y conbento de Nuestra Señora del Valle y de Pedro de Salzedo mayordomo de la dicha Cofradía por mano de Alonso de Castro, alcalde de la dicha Cofradía dos mil reales de a treinta y quatro maravedís cada uno, que yo obe de aver por la hechura de un Cristo con la cruz a cuestas y de un San Juan Evangelista, que hize de madera de sedro y pino de Segura, de estatura el dicho Cristo de diez quartas y media poco más de alto, y el San Juan, de dos varas y sesma, para la dicha Cofradía del Traspaso, este presente año de mil e seiscientos y veinte. Los quales dichos dos mil reales, he rescebido del dicho Alonso de Castro, en nombre, de la dicha Cofradía y de su mayordomo en diferentes veces y partidas de que me doy por contento y pagado a toda mi voluntad, sobre que renuncio la pecunia y prueba de la paga. E de ellos le doy esta carta de pago, que es fecha en Sevilla a primero día del mes de octubre de mil eseiscientos y veinte años. Y el otorgante que yo el escribano público doy fe que conozco lo firmó de su nombre, siendo testigos Jusepe de Escavias y Pedro Guerrero, escribanos de Sevilla”.

Las restauraciones de la imagen

La imagen ha sido sometida a varias restauraciones. En 1776 interviene, como en el paso procesional, el escultor Blas Molner colocándole nuevas espinas en la corona.

Ya en 1977, una mala actuación de Peláez del Espino, como ya hizo con otras tallas en la capital hispalense, la imagen va adquiriendo la tez morena y se le empieza a llamar popularmente ‘El Divino Leproso’ o ‘El Cisquero de San Lorenzo’. Realiza una nueva estructura interna metálica que está a punto de terminar con dañar la obra de manera irremediable.

Por ello, en 1983 los hermanos Raimundo y Joaquín Cruz Solís actúan integralmente en la escultura, exceptuando el rostro. Se recupera la integridad interna de la madera alterada en 1977 y se recoloca el tercer apoyo al Señor para evitar daños en sus estaciones de penitencia. En 2006, de nuevo los Cruz Solís intervienen sobre la cabeza de la talla, limpiando su policromía ante el progresivo ennegrecimiento que había presentado ésta en las últimas décadas, la restauradora.

En el año 2010, una persona con graves trastornos mentales, llegó a subirse al camarín del Señor y consigue dañarlo con la rotura de la articulación del brazo. Estas piezas se le reparan y se le sutituyen por otras, labores realizadas por Luis Álvarez Duarte tras el ataque y en 2012 por Pedro Manzano, respectivamente.

Fotografías: Carlos Iglesia.

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