La Macarena, los cien años de la muerte de Joselito ‘El Gallo’ y una imagen para la historia

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Este sábado 16 de mayo se cumple justo el centenario de la trágica muerte del afamado torero José Gómez Ortega ‘Gallito’, más conocido como ‘Joselito El Gallo’, a la edad de 25 años.

Esta efeméride es especialmente recordada por la Hermandad de la Macarena, uno de sus ilustres hermanos que ayudó al crecimiento de la corporación en estos primeros años del siglo XX e impulsó con sus incentivos, a dar ese estilo tan personal y característico que tiene a día de hoy la hermandad, junto con otros hermanos como Juan Manuel Rodríguez Ojeda.

Cabe recordar que incluso el encargado de donar las cinco ‘mariquillas’ a la Virgen de la Esperanza en señal de devoción, que adquirió en París. Además llegó a ocupar el cargo de consiliario primero.

La muerte de Joselito ‘El Gallo’

Ese 16 de mayo de 1920, Joselito toreaba en la plaza de toros de Talavera de la Reina. En el quinto toro, de nombre Bailaor, fue con quien el matador perdió la vida.

Así lo relató el escritor José María de Cossío en su obra ‘Los toros’: “Al distanciarse de él entró en la zona en la que el toro percibía los objetos, y se arrancó rapidísimamente sobre el espada. Este marcó la salida con la muleta pero el toro, fijo en el objeto, al llegar al diestro no podía, por su defecto visual, percibir el movimiento de la muleta, y enganchó a Joselito, volteándole. Le levantó del suelo por la pierna izquierda, en la que le infirió un puntazo corrido; pero el cuerpo en el aire cayó sobre el otro pitón en el momento en el que el toro tiraba un derrote, metiéndole toda el asta en el vientre asestándole una cornada mortal”.

La Macarena, de luto

Esta noticia cayó como un jarro de agua fría en todo el territorio nacional, y muy especialmente en su tierra natal, en Gelves, y en la propia capital hispalense.

Al conocerse esta noticia, su amigo Juan Manuel Rodríguez Ojeda vistió a la Virgen de la Esperanza de un riguroso luto durante muchos días, dejando así una de las estampas más icónicas de la Reina de San Gil, y que, por el momento, no se ha llegado a repetir de esta manera.

Así lo atestiguan varias crónicas de la época, entre ellas la del propio Manuel Chaves Nogales. A pesar de ello, hay otras versiones que aseguran que no fue vestida así hasta la noche del día 30 de mayo para presidir el funeral de la parroquia San Gil.

Tras la llegada del cuerpo desde Madrid se llegaron a celebrar sendos funerales. Uno de ellos en la misma catedral, donde el canónigo Francisco Muñoz y Pabón hizo una defensa firme para que se pudieran acoger en el seo hispalense le valió como regalo la pluma de oro que lleva cada madrugada la dolorosa en su estación de penitencia.

Tal como se mencionó anteriormente, se celebró otro en la parroquia de San Gil el 31 de mayo. Gracias a la labor de Rodríguez Ojeda se utilizaron parte de los bordados del palio y montó un catafalco de tres cuerpos, con varios hacheros, culminado por un pequeño palio y cubierto por una tela negra para esta misa que presidió José Sebastián y Bandarán. La Virgen de la Esperanza Macarena se dispuso en unas andas presidiendo el altar mayor, vestida de negro en su recuerdo.

Dejó una huella imborrable en el seno de la propia corporación y que a día de hoy, cien años después, sus hermanos siguen recordando con especial cariño.

Fotogalería

Fotografías: Hermandad de la Macarena y Archivo Serrano.

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