A cuentas con… fase uno: reapertura de puertas

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“A esta es”…

Desde el pasado 11 de mayo la ciudad de Sevilla se encuentra en la fase uno de la desescalada que el Gobierno central de España ha diseñado para llegar a lo que ahora llaman “la nueva normalidad”. Por desgracia, ni será nueva, y mucho menos normal, cosa de los políticos.

Pues bien, en esa fase los templos de nuestra ciudad vuelven a abrir sus puertas y pueden volver a celebrar las misas con los fieles presentes en el templo. Además de ese hecho tan relevante, también hemos tenido ocasión de contemplar diferentes estampas, que sin duda, quedaran para la historia y para el recuerdo de todos los sevillanos.

Entre ellas, la primera que resalta es la reducción de capacidad de los templos. En esta fase se indica que los templos deben estar al 30% de su aforo total. Por ello, encontramos los que se han retirado los habituales y largos bancos sustituidos por sillas, convenientemente separadas entre ellas, para cumplir con la consabida distancia de seguridad. En los de mayor tamaño, los bancos han permanecido, pero con la salvedad de que solo pueden ser ocupados en ambos extremos.

La segunda de ellas, no es una sola, son varias, las que las hermandades han tenido a bien regalarnos, colocando a sus imágenes titulares con vestimentas o en situación no habitual.

Entre todos esos ejemplos me gustaría destacar: al Señor Cautivo de San Ildefonso, al Señor del Gran Poder, los titulares de las cororaciones de la Paz y de los Panaderos, fuera de su ubicación habitual en la iglesia. Mención aparte merece la disposición del Señor de la Salud y Buen Viaje de San Esteban mirando a la calle desde su ventanal para poder ser contemplado (y rezado) de frente.

En cuanto a la vestimenta de algunas dolorosas para conmemorar el luto que se vive en la ciudad por las muertes de esta terrible pandemia, para mi gusto resaltaría a la Virgen de los Desamparados de San Esteban, la Virgen del Socorro de la Hermandad del Amor y a la Esperanza de Triana que luce bellísima en su altar de la capilla de los Marineros.

Estampas que nos proporciona la nueva fase en la que vivimos y ahora que disponemos, de nuevo, de la oportunidad de volver a acercarnos a nuestros titulares. Es el momento de recordar y agradecer, la función de los azulejos que encontramos en las fachadas de nuestros templos, esos a los que nos acercamos a rezar cuando la iglesia está o ha estado cerrada. Esa función la ha venido realizando desde hace años, con y sin pandemia, la función del azulejo que nos acerca al lugar donde descansa nuestro sagrado titular en el interior de un templo vacío y oscuro, perdurando a lo largo de los años, incluso más allá de que esa imagen permanezca en ella, como los ejemplos de la Anunciación y San Lorenzo, con los azulejos del Cristo de la Buena Muerte y el del Señor del Gran Poder, respectivamente.

Esa, esta o aquella manera de rezar del sevillano si es “normal”, aunque como se puede ver, no es “nueva”.

“Bueno, pararse ahí” 

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