Ese día…

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Cuando la noche comenzaba a embriagar las calles con humo de castañas y manos rebuscadas en los bolsillos, Tu nombre volvió a recorrer -por el canal de los escalofríos-, las arterias de mi cuerpo.

Que curiosa es la vida a veces, Señor.

Justo en el día en el que más presente te he tenido, has aparecido por el precipicio ajado de mis labios, y a tu manera… has calmado la tempestad de mis miedos, has secado mis lagrimas empapadas de cristales, has hecho que el corazón se desboque en la orilla de una media sonrisa.

Ya dijo el genio aquello de que Dios nunca juega a los dados; y en las aristas de los míos, se puede leer Tu nombre del derecho y del revés.

Por eso, en la frontera que marzo ha delimitado para que tu túnica reparta Salud, yo iré a buscarte, con las huellas de mis promesas hecha jirones, con el espasmo de las quimeras acomodadas sobre mi cintura, con la retina de mis ojos a punto de romperse en mil pedazos cuando te vea salir de tu Santuario.

Y cuando ese instante se dé, te seguiré en silencio. Con la mirada agachada. Sin rachear los latidos. Procurando que el eco de la voz no se desparrame por mi garganta y me impida gritarte a boca llena goterones de suspiros.

Y cuando conquistes la primea esquina, después de tantas lunas, de tantos besos, de tantas visitas a quemarropa, pellizcaré los rezos para que éstos se pierdan entre el gentío y sepas que son los míos, los de este simple muchacho de ciudad que anda perdido y al que le está costando encontrar el camino para regresar a casa.

Y cuando todo esté dicho ya, en esa caricia por mis sombras que será ese definitivo encuentro, mi sangre se teñirá morada, mis duermevelas santificarán tu nombre, y mis pulsos volverán a acentuarse en los versos impares.

Ese día, irás con tu cruz a cuestas, mientras que yo intentaré aliviarte la carga…

Ese día, irás repartiendo esperanza para los enfermos por los pasillos angustiados de la sinrazón..

Ese día, los pétalos de Tu gracia deshojarán los resquicios de aquellos que no tiene fe, pero te nombran a escondidas, te mencionan entre dudas, te buscan cuando todo está perdido y solo queda calentar la espera en torno al rescoldo de las madrugadas..

Señor de la Salud, no me dejes sin ella, que falta me hace, y permíteme que pueda enamorarme una vez más de Ti, cuando nos veamos ese día..

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