Una de los días marcados en rojo para la historia de la Hermandad de la Cena ha sido el vivido este domingo 24 de marzo. La iglesia de los Terceros se reabría al culto tras más de dos años de obras, con una misa de acción de gracias por parte del arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo.
El esplendor recuperado de los Terceros
Las imágenes titulares de la corporación del Domingo de Ramos ya se encuentran en sus respectivos altares tras el traslado efectuado el pasado viernes día 22.
El altar mayor es considerado uno de los mejores realizados en el siglo XVII, por Francisco Dionisio de Ribas en 1669, y décadas después, en 1700 fue rehizo por Baltasar de Barahona. Vuelve a presidirlo la Virgen de Consolación, junto al Señor de la Sagrada Cena de Sebastián Santos y el apostolado de Luis Ortega Bru.
A los lados del crucero, el Cristo de la Humildad y Paciencia y la Virgen del Subterráneo ya se encuentran en sus respectivos retablos. Cabe recordar que en el caso de la dolorosa, éste perteneció a la Hermandad del Amor cuando residía en esta iglesia de Consolación.
Estas obras además han permitido abrir la capilla de la Virgen de la Encarnación, tras décadas clausurada. La titular letífica vuelve a presidir su altar en una de las estampas que los presentes han añorado durante años.
También se pudo ver la capilla sacramental del templo, que estaba presidido por la Virgen de la Inmaculada Concepción. Además en la entrada se contempló al Cristo de la Buena Muerte, una talla anónima del siglo XVIII.
Los motivos de las obras de los Terceros
La ITE, que fue encargada por la propia corporación, alarmó de que el arco del presbiterio sufría unas desviaciones serias que llegaron a provicar las grietas formadas en la cúpula. Además, sería posible que tanto las obras del parking subterráneo de Escuelas Pías como el trasiego constante de los autobuses de Tussam en la plaza Ponce de León hayan podido afectar a los cimientos de la iglesia, lo que no favorecía la conservación del inmueble.
La intervención, según la Consejería, estuvo también motivada por la presencia de hundimientos en los forjados y madera, además de las filtraciones en la cubierta de la capilla de la Encarnación, así como por la ausencia de la mayor parte del remate de la cabecera de la bóveda, ocasionado por el hundimiento ocurrido hace más de quince años.
Fotogalería
Fotografías: Carlos Iglesia.
