Avanzan a buen ritmo las labores de ejecución del nuevo manto de salida para la Sed

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Uno de los grandes proyectos que está abordando la Hermandad de la Sed es la ejecución de un manto de salida bordado para la Virgen de Consolación.

El equipo de la comisión de Patrimonio de la corporación del Miércoles Santo, presidido por su hermano mayor José Cataluña, continúa con el seguimiento de estos trabajos en el taller de Charo Bernardino. Están acompañados por el diseñador Fernando Prini, que colabora activamente en la interpretación del diseño al trabajo de taller.

Estas piezas empiezan a conformar los motivos completos de lo que será esta obra obra.

El manto de la Virgen de Consolación

En el año 2017, Prini explicó a través de una nota de prensa en qué consitirían todas estas labores, así como la simbología, composición y estilo de esta pieza:

Simbología

“A la hora de afrontar el diseño para el futuro manto procesional de Santa María de Consolación Madre de la Iglesia, quise supeditar toda la configuración del mismo a las premisas primordiales que me fueron solicitadas desde la Hermandad.

Iconográficamente, se tenía muy claro el precepto central de trasladar a esta prenda la representación simbólica del Árbol de la Vida del Jardín del Edén, del que se extrajo la madera de la verdadera Cruz de Cristo. La representación del mismo a través del arte cristiano es bastante primitiva -la encontramos en los mosaicos de las basílicas más antiguas, como en el ábside de San Clemente en Roma– y en distintos ejemplares artísticos se suele mostrar la cruz flanqueada de ramas laterales, profusamente desarrolladas, como símbolo de la Iglesia viva. Se trata siempre de figuraciones muy simétricas con un desarrollo axial, algo que se ha trasladado de forma natural a una ingente cantidad  de piezas textiles en los ajuares de bordado de las hermandades y cofradías, y de forma muy especial en los mantos de procesión.

El manto de Santa María de Consolación posee un esquema ornamental concebido a partir de esa premisa: Tanto en el espacio central como en los que lo circundan, he previsto varios ecos de esta iconografía, mediante representaciones fitomórficas resueltas en simetría que incluso remedan aspectos primitivistas de esta representación. Así, toda la superficie del manto actúa como remembranza de la Iglesia -Iglesia viva de Cristo-, cuya madre es María. Ella intuyó la íntima relación existente entre la consolación y la cruz, siendo intercesora y cobijando bajo su manto a toda la humanidad.

Como asunto paralelo y vertebrador, la representación central del manto es la del Árbol de Jesé, enraizando así en una tradición cristiana de profundo sentido teológico. El Árbol de Jesé es el árbol genealógico de Cristo, que comienza en el padre del rey David -Jesé- y culmina en su cúspide con la vara o _virga_ que es María y en la que florece el retoño, que es Jesús. “Yo soy la raíz y el retoño de David” (Apocalipsis, 22:16). Son muchas y muy ricas las representaciones que la Historia del Arte nos ha proporcionado acerca de este trasunto bíblico, siendo la mayoría de ellas proclives a la composición de un árbol que nace de la figura recostada de Jesé para después presentar a otros insignes antepasados de Nuestro Señor, como David o Salomón, hasta llegar a la Virgen María. Estas muestras, nutridamente pobladas de personajes, se desarrollaron en el arte occidental a partir del siglo XI, primero en los libros miniados y posteriormente en pinturas, techumbres, vidrieras, relieves, arte mueble y textil.

Se hacía necesaria, por lo tanto, una revisión de esos postulados iconográficos, en la idea de perseguir un código mucho más simbólico o esquemático mediante el cual pudiésemos prescindir de figuras de medio bulto. En este sentido, ideé una versión estilizada del Árbol de Jesé, una composición simétrica y arborescente de resolución bastante más naturalista que el resto de elementos vegetales del manto. El árbol sería rematado por el anagrama mariano con una estrella en su centro, jalonado por el sol y la luna ‘Pulchra ut Luna, Electa ut Sole’, sobre el que se cierne una corona adornada de azucenas; así, este símbolo de la estirpe del Señor queda como eje principal y acaba funcionando como leitmotiv.

De este modo, todo el manto es una paráfrasis visual de la genealogía de María, y por tanto se convierte en alegoría de su papel como Madre de la Iglesia, segunda advocación de Santa María de Consolación. Fue Pablo VI quien, en el contexto del Concilio Vaticano II, proclamó a la Virgen con e

sta denominación, desde entonces defendida por los pontífices posteriores, si bien ya San Ambrosio de Milán la usaba desde el siglo IV. En su pronunciamiento, Pablo VI llamó a María “Modelo de la Iglesia”, en base a su fe, amor y plena unión con Cristo, su Hijo; después apeló a ella como Madre de la Iglesia, por el hecho de haber dado a luz a Jesús, cabeza del cuerpo místico que conforma su Iglesia. En recuerdo de este hecho, el manto ostenta los símbolos heráldicos del sumo pontífice en las cartelas de las esquinas y en aquella otra en que desemboca la línea axial del manto, a saber: las tres flores de lis, las pequeñas montañas o colinas y la tiara con las llaves”.

Composición

“Huyendo de los clásicos esquemas a candelieri, quise trazar un entramado de cenefas que de alguna forma dibujasen un esquema organizador para toda la superficie del manto, con la intención de que el entrecruzado de líneas proporcionase diferentes campos claramente delimitados y enmarcados. Esto posibilita, además, la idea presente desde el principio de combinar hasta dos tejidos diferentes en la superficie del manto, terciopelo y tisú de plata que proporcionarían sendas tonalidades de azul celeste. Esta composición en particular se basa en una estructura trilobular, que encuentra perfecto acomodo en la silueta del manto, con forma de ojiva. Podríamos encontrar en esta urdimbre reminiscencias de las tracerías góticas, en las que fueron frecuentes esquemas trilobulares por su fácil adscripción al arco apuntado. En este caso en particular, las cenefas -que no dejan de ser un eco de algunas soluciones aportadas en el palio- acaban resolviendo en el cruce de tres mandorlas mixtilíneas, donde se presenta la decoración más profusa; una suerte de triángulo abombado central, que enmarca el anagrama de María; y una línea circundante que parece asemejarse a una roseta.

Bordeando esa estructura, pensé en una guardilla -concebida para ser bordada en malla de oro fino y de perfil sinuoso- de diseño menudo y preciosista, que acogiese hasta once cartelas en disposición de corbatas y que a su vez incluyen sendos motivos iconográficos. Para tres de esas cartelas, se reservaron las armas del papa Pablo VI por los motivos ya mencionados, y han sido acompañados por respectivos haces de flores: azucenas, jazmines y margaritas (respectivamente, la pureza, limpieza y modestia que se atribuyen a María). En las ocho restantes se dispusieron, asimismo: trigo, cebada, vides, higos, granadas, olivas, dátiles y piña. Siete de esas especies se consideran los frutos de la tierra prometida (Deuteronomio 8:7, 8), así como la granada y la piña son también símbolo de la Iglesia. El resumen de esta simbología es María como tierra prometida, cielo prometido, ciudad, nueva Jerusalén (según dice el Magníficat); María es la tierra cuyo fruto es Jesucristo.

El manto alcanza unas dimensiones totales de 520 cm en la embocadura y de 480 cm en la cola.”

Estilo del manto

“Como buena parte de la producción textil destinada a las cofradías y realizada a lo largo del siglo XX -y en los años transcurridos de la centuria presente-, podemos afirmar respecto a este manto que no se trata de una pieza de un estilo determinado. En base al legado del historicismo, el eclecticismo y el neoregionalismo, los artífices del bordado sevillano han creado insignes ejemplares de un estilo mixto con amplia diversidad de influencias, reunidas bajo la amalgama de composiciones simétricas y abigarradas.

No escapa esta pieza a esa estela de artesanos que reúnen estas singularidades: el magnífico bordador José del Olmo, su diseñadora Herminia Álvarez Udell o la maestra bordadora Concepción Fernández del Toro, además del omnipresente Cayetano González.

He encontrado en ellos una parte de la inspiración, en la intención de alcanzar una prenda atemporal, a la par que perseguía la innovación en la composición. Los tallos y flores de mi dibujo aluden a ese carisma de bordado, pero también a una recreación de motivos grecorromanos y hasta andalusíes, por momentos. Así, podríamos decir que el manto que he diseñado para Santa María de Consolación Madre de la Iglesia reviste un clasicismo claramente reconocible y que a buen seguro encontrará asiento en la Semana Santa sevillana; y sin embargo, pretende ser una prenda con personalidad propia y distinguible del amplio y riquísimo panorama de las artes suntuarias”.

Fotogalería

Fotografías: Hermandad de la Sed.

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