Del Rey y la Pastora

Avatar de Rey San FernandoPublicado por

Apenas se ha apagado el eco solemne de la jornada en que el reino de Sevilla evocó mi nombre y mi memoria, cuando la ciudad, sempiternamente sabia en el arte de enlazar el cielo con la tierra, vuelve hoy sus ojuelos hacia otra corona “sombrereada” más alta, más dulce y más eterna: la de la Divina Pastora de las Almas, que desde su recoleto santuario de Capuchinos sale a recorrer las calles en triunfal procesión.

Ayer, festividad de San Fernando, la Sevilla agradecida recordó a este Rey Santo que reconquistó murallas para entregarlas a Cristo. A la data presente, en cambio, la ciudad contempla a la Madre que conquista corazones para conducirlos a su Hijo. Si ayer resonaban las gestas de la espada ceñida por la fe, hoy florece la ternura del cayado espiritual con el que María reúne a sus ovejas dispersas por los senderos inciertos del mundo.

No deja de encerrar una delicada providencia este diálogo invisible entre ambas jornadas. Porque si yo, Fernando, entregué Sevilla a Dios, la Pastora continúa entregando a Dios las almas de los sevillanos. Si uno ensanchó los límites de una ciudad terrena, la otra ensancha sin descanso los confines del Reino celestial. Son dos maneras distintas de servir al mismo Señor: una desde el trono y otra desde el regazo maternal.

Y ahí marcha hoy la Pastora de Capuchinos, entre el aroma jubiloso de los nardos, el leve temblor de los cirios y el murmullo emocionado de quienes la contemplan. Su paso parece deslizarse sobre las calles como una página arrancada de un antiguo libro de devociones, escrita con divina tinta de cielo y encuadernada con los afectos más puros de Sevilla. Las espadañas repican a gloria, los balcones se engalanan y hasta la luz de este último día de mayo parece detenerse unos instantes para besar el borde de su manto.

La ciudad entera se convierte en un aprisco simbólico donde la Divina Pastora recoge las inquietudes de los ancianos, las esperanzas de los jóvenes, las incertidumbres de los que sufren y las plegarias silenciosas de quienes buscan consuelo. Porque bajo su mirada serena caben todas las fatigas humanas, y bajo su amparo encuentran descanso los corazones que el mundo ha fatigado.

Deja un comentario