Sevilla volvió a situar en primer plano su calendario letífico con uno de esos traslados que, sin hacer ruido excesivo, terminan marcando el pulso cofrade de la primavera. El simpecado de la Hermandad del Rocío de Sevilla Sur fue protagonista de una semana de cultos y actos en el corazón de la ciudad tras ser designado para presidir el pregón de las Glorias de 2026, una cita clave en el calendario del Consejo.
La corporación del Tiro de Línea activó así un dispositivo que combinó culto interno, manifestación pública de fe y una notable respuesta devocional, en línea con lo que viene siendo habitual en este tipo de traslados extraordinarios.
El traslado al Salvador
El pasado domingo 12 de abril amanecía con ese sello propio de las corporaciones rocieras. A las 08.00 horas se ponía en la calle el simpecado desde la parroquia de San Juan de Ávila, en dirección al centro histórico.
El itinerario no fue una mera cuestión logística. Hubo paradas que marcaron el carácter del traslado, como el rezo del Ángelus en la catedral ante la Virgen de los Reyes o la visita al convento de la Encarnación.
La llegada al Salvador, en torno a las 13.45 horas, dejó una de esas imágenes que rápidamente pasan al archivo gráfico de la ciudad: el simpecado instalado en la capilla sacramental, compartiendo espacio con la Hermandad de Pasión y elevando el tono devocional del templo en la antesala del pregón.
Durante la semana, el altar mayor acogió el triduo preparatorio, hasta llegar al viernes 17 de abril con el pregón pronunciado por el periodista Moisés Ruz.
El regreso a su parroquia
El regreso, ya el domingo día 19, ofreció un registro completamente distinto. A las 17.00 horas se iniciaba la salida desde la plaza del Salvador, esta vez con la carreta de plata como protagonista escénico y el acompañamiento musical de la Banda de Música de Nuestra Señora de la Victoria de las Cigarreras.
El cortejo fue una oda a la religiosidad popular, con vivas, sevillanas y una participación constante del público, en una línea que conecta directamente con la esencia rociera. La ciudad respondió en enclaves clave: Ayuntamiento, calles del casco histórico, Jardines de Murillo o plaza de España, configurando un recorrido de fuerte carga simbólica y estética.
No faltaron los gestos clásicos de este tipo de jornadas: presentaciones ante hermandades, petalás y acompañamientos musicales que fueron jalonando el itinerario hasta el regreso al barrio. La entrada, prevista en torno a las 23.30 horas, cerró una jornada larga pero medida, con ese sello de organización que define a Sevilla Sur.
Un traslado que confirmó que, más allá de lo extraordinario, Sevilla sigue encontrando en estos movimientos de sus devociones una forma de narrarse a sí misma: con liturgia, con calle y con ese equilibrio tan reconocible entre lo culto y lo popular.
Vídeos: Carlos Iglesia.
