El pasado mes de noviembre dejó una de esas estampas que permanecen en la memoria reciente de la Sevilla cofrade. La Hermandad de las Penas de San Vicente culminó los actos conmemorativos de su 150 aniversario fundacional con el traslado extraordinario de Nuestro Padre Jesús de las Penas al convento del Buen Suceso, sede de los Carmelitas Calzados y enclave especialmente vinculado a la historia de la corporación del Lunes Santo.
La efeméride no respondía únicamente a una celebración patrimonial o devocional, sino al deseo de regresar simbólicamente a los orígenes de la hermandad, marcada desde sus inicios por la espiritualidad carmelita. Primero en unas andas de traslado, en un formato sobrio e íntimo, y días después en su paso procesional, el Señor recorrió el centro de Sevilla protagonizando dos jornadas de especial significado para los hermanos y para una ciudad que entiende perfectamente cuando una imagen sale a la calle por algo más que una cuestión extraordinaria.
Fue, en definitiva, una salida que miraba más al fondo que a la forma: memoria, identidad y fidelidad a una historia que sigue escribiéndose siglo y medio después.
El traslado al Buen Suceso
El traslado al convento del Buen Suceso estaba previsto inicialmente para la mañana del domingo 16 de noviembre, pero la inestabilidad meteorológica obligó a la hermandad a suspender la salida y aplazarla al martes 18, una decisión tomada con prudencia ante la amenaza de lluvia y que modificó por completo el planteamiento previsto para aquella jornada.
Finalmente, a las 18.00 horas del martes, el Señor de las Penas cruzó el dintel de la parroquia de San Vicente para iniciar su camino hacia el templo carmelita. Lo hizo en unas andas de traslado, con un acompañamiento sobrio y sin artificios, en una estampa que devolvía a la ciudad esa estética serena que tanto define este tipo de cultos extraordinarios.
El itinerario discurrió por Cardenal Cisneros, Virgen de los Buenos Libros, Teniente General Borges, plaza del Duque, Campana, O’Donnell, Velázquez, Tetuán, Jovellanos, Sagasta, plaza del Salvador, Lineros, plaza de Jesús de la Pasión, Alcaicería, plaza de la Alfalfa, San Juan, Boteros, Sales y Ferré, plaza del Cristo de Burgos, Ortiz de Zúñiga y plaza del Buen Suceso, donde la entrada quedó fijada para las nueve de la noche.
Fue un traslado marcado por el recogimiento y por la cercanía del público, que acompañó al Señor durante todo el recorrido con el respeto propio de las ocasiones señaladas. Especialmente significativa resultó la llegada al convento del Buen Suceso, donde la corporación cerraba un círculo histórico al reencontrarse con uno de los espacios más vinculados a su pasado fundacional.
No fue una salida multitudinaria en lo estético, sino profundamente significativa en lo simbólico.
El regreso a su parroquia
El sábado 22 de noviembre llegó el momento más esperado de la efeméride: la salida extraordinaria de regreso del Señor de las Penas a su parroquia de San Vicente, esta vez ya sobre su paso procesional y acompañado musicalmente por la Banda del Maestro Tejera, en una de esas combinaciones que forman parte del paisaje sonoro clásico de la Semana Santa sevillana.
A las 17.00 horas se abrían las puertas del Buen Suceso y comenzaba una procesión que se planteó como el cierre solemne de los actos del aniversario. El recorrido discurrió por plaza del Buen Suceso, Ortiz de Zúñiga, plaza del Cristo de Burgos, Sales y Ferré, Boteros, Odreros, Jesús de las Tres Caídas, San Isidoro, Cuesta del Rosario, Villegas, plaza del Salvador, Cuna, Orfila, plaza Fernando de Herrera, Daoiz, García Tassara, Amor de Dios, San Miguel, Jesús del Gran Poder, Conde de Barajas, plaza de San Lorenzo, Cardenal Spínola, Baños, Jesús de la Vera-Cruz, Cardenal Cisneros y entrada en San Vicente.
La procesión dejó imágenes de especial belleza en enclaves como San Isidoro, San Andrés o la plaza de San Lorenzo, donde el paso del Señor adquirió ese carácter de estación devocional que tienen algunas salidas extraordinarias cuando el itinerario se convierte también en un relato visual de la propia ciudad.
Más allá del acompañamiento de fieles y del interés despertado entre los cofrades, la jornada tuvo el tono propio de una acción de gracias. No se trataba únicamente de volver a casa, sino de cerrar una celebración que había servido para reforzar el vínculo de la hermandad con su propia historia.
La entrada en San Vicente, ya en la noche sevillana, puso el broche definitivo a una semana de cultos y estampas que quedarán incorporadas a la memoria reciente de la corporación.
El traslado del Señor de las Penas al Buen Suceso y su regreso a San Vicente no fueron únicamente dos salidas extraordinarias, sino la confirmación de que una hermandad sigue viva cuando sabe volver a sus raíces para seguir avanzando hacia el futuro.
Vídeos: Carlos Iglesia.
