Fe con F de fútbol

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Yo, Fernando, por la gracia del Altísimo, que hube por honra ganar Sevilla para la Cruz y para la Cristiandad, contemplo desde la eternidad estos días en que la ciudad vuelve a ceñirse de pendones, clamores y multitudes con ocasión de la final de la Copa del Rey.

Muchos son los siglos pasados desde que entré por sus puertas, y no obstante, la urbe conserva el antiguo don de congregar a los hombres bajo una misma causa: ayer fue la fe y es también el fervor por unos colores que cada cual guarda en el pecho como enseña propia. Y así he oteado, con ojos que no duermen, llegar a Sevilla gentes de ambos linajes futboleros, venidos de tierras diversas, con bufandas al cuello y esperanza en el alma.

No pocos entraron en nuestros templos, donde mora el silencio entre cirios y bóvedas, y allí trocaron el bullicio de las plazas por el murmullo de la plegaria. Unos pidieron fortuna para los suyos; otros, templanza para el árbitro; algunos, que el delantero acierte; otros, que el rival yerre sin demasiado escándalo. Y seguro estoy de que cada cual añadió en secreto esas cosas menudas que sólo el corazón sabe nombrar: salud para la madre, trabajo para el hijo, paz en la casa, alivio para las penas y buen regreso tras la jornada.

Mucho place a este Rey ver que Sevilla sigue siendo puerto de encuentro, donde caben la rivalidad sin odio, la pasión sin injuria y la fiesta sin desorden. Porque no es afrenta contender cuando se hace con nobleza, ni pecado alzar la voz cuando se hace con alegría. Antes bien, muestra de vida es que los pueblos canten, rían y esperen.

Mirad, pues, aficionados de uno y otro bando: ganó uno en el marcador, mas si honráis la ciudad, respetáis al contrario y dais gracias por el día compartido, vencedores sois todos. Que la gloria del trofeo dura una estación, mas la memoria de una jornada bien vivida permanece muchos años.

Y si alguno, al salir de misa o de visitar una iglesia, sintió que el cielo guardó prudente silencio sobre el resultado, no lo tome por desdén. Bien saben los santos que en estas materias conviene no significarse demasiado.

Post scriptum: venció en noble lid la Sociedad Real de San Sebastián pero no por la plegaria si no en tanda de penaltis.

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