Alza tu Palma

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Al verlo, Jesús le dijo:

“Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que quedarme en tu casa”.

“Hoy ha llegado la salvación a esta casa.” Hoy es Domingo de Ramos.

A todos los fieles moradores del Reino de Sevilla y sus limes, este Rey Santo, por la gracia del Altísimo, saluda a la totalidad.

Sea conocido y proclamado en esta tierra bendita que hoy amanece el glorioso y santo Domingo de Ramos, día en que nuestro Señor Jesucristo entró en la ciudad de Jerusalén montado en humilde pollino, siendo aclamado por niños y ancianos, por justos y pecadores, por todos los que, con ramas de olivo y palmas en alto, reconocieron al Rey de la Paz, por el Porvenir hoy le aclamarán victorioso.

He mandado pregonar por calles, plazas y mesones, que en esta jornada santa no haya sino júbilo en los corazones, pues comienza la Septenaria Mayor, y la ciudad se convierte en un nuevo Jerusalén, vestida de blanco y oro, bordada en fe, aroma de incienso y clamor de trompetas celestiales.

Y es mi deseo ferviente que en esta entrada del Mesías, montado sobre La Borriquita, no falte la memoria de Zaqueo, el publicano de Jericó, que siendo bajo en estatura, y grande en deseo de redención, subió a un sicómoro para ver pasar al Maestro que tallara Francisco Berlanga de Ávila. Aquende promulgo, fieles míos, que también hoy se asoma Zaqueo, en lo alto de la palmera, entre naranjos sevillanos, atravesando la fragancia del azahar que los inunda, como esos niños que trepan a la vida para ver al Hijo del Altísimo que viene humilde, sin ejército ni lanza, sino con mirada de misericordia.

Vedlo, oteadlo en La Borriquita, entrando por Cuna, como entró por las de la Ciudad Santa. Y no os avergoncéis de agitar la palma ni de alzar vuestros hijos sobre los hombros, -cuidado con los borlones de los calcetines- porque quien se abaja para ver al Señor, será enaltecido. Quien se acerca como Zaqueo, aunque fuere pecador, hallará mesa en su casa y salvación para su alma.

Por tanto, mando y ordeno que hoy se celebre con fervor esta entrada gloriosa, y como infantes gozad, y que ningún sevillano se quede sin decir con voz clara:
¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Desde mi acristalada urna, punto neurálgico de la fe cristiana sevillana, os deseo un pleno y pletórico Domingo de Ramos y que la felicidad y el gozo se desborde por las benditas calles del reino.

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