En el nombre del Altísimo, que puede la totalidad y en cuya misericordia hallamos consuelo, yo, Fernando, Rey y Santo, inclino mi corazón y mi palabra ante ese Cristo Yacente, sagrada imagen que porta la verdad del sacrificio y el dolor de nuestra redención.
En el venidero Via Crucis que recorrerá las calles de Sevilla, será quien guíe las plegarias y penitencia de los sevillanos, como antaño guiaste Lobera en la Reconquista de esta ciudad para gloria de Dios. Talla noble, imagen saliente de gubia bendecida.
Señor, que en el sepulcro aguardaste la aurora de la Resurrección, vuelve tu mirada piadosa sobre esta Sevilla que te pertenece, sobre sus gentes, mis súbditos, que, con amor y fervor, elevan a Ti sus oraciones.
Como un día te entregué esta ciudad, hoy te entrego mi súplica. Recíbela, oh Cristo del Santo Entierro, y que en este tránsito de sombras y de fe, Sevilla se sepa, más que nunca, bajo la luz de Tu protección.
Sean felices y comiencen a prepararse para la espera previa que luego todos son prisas.
