Sevilla con el rodaje hecho

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La ciudad de la dualidad, del color, de la luz, del gentío feliz, sonriente, luminoso, inundador de callejuelas, plazas y plazuelas ya goza de su estándar básico: Sevilla ya ha regresado.

En el pretérito almacenaremos chanclas, arena de paraíso adyacentes, salitre atlántico y mediterráneo y el vaivén de ese bendito oleaje se transforma lentamente, cautelosa pero afianzadamente en una bambalina que le marca al cielo, las consecuencias de ser y estar en Sevilla, con la finura y elegancia de María en su ciudad más mariana.

Acabamos de sentir como El Arenal y Triana se fundían en un abrazo fraternal superlativa para la eternidad, en la tarde noche recientemente pasada, la Pastora inundó de amor su barrio entre arcos floreados y su gente que jamás la deja sola.

Y se viene Sevilla en estado puro, Sevilla en dualidad, el folclore rico, extenso e incapaz de dejar impasible a ojuelos curiosos que quieran contemplar la verdadera razón de ser de un pueblo que le reza de igual manera a un dulcísimo crucificado muerto que a una Piedad Coronada y misericordiosa que a su madre bajo palio.

Sevilla inició con el curso con parte de sus deberes hechos, sin pasar por lugares que aún recuerdan a Gutenberg porque el chip del sevillano se instaló una vez en la inmensidad de la historia y se reproduce en cada sevillano que nace.

Sevilla arranca motores con los motores arrancados, las pulsaciones por centenares y las emociones a flor de piel.

¿Estáis preparados? Sean felices que Sevilla no se detiene.

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