Santa Marta saliendo de San Andrés en 1990

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El 6 de diciembre de 1989 se desprende una viga de la techumbre de San Andrés, provocando, por obras, el cierre del templo por lo que se acuerda llevar a los titulares de la Hermandad de Santa Marta a San Martín, sede de la Lanzada.

La imagen de Santa Marta es una obra de Sebastián Santos de 1950. Viene a sustituir a la primera fundacional de la hermandad, una talla adquirida en Olot (Gerona). Es una imagen que tiene sobre funcionalidad ya que por un lado recibe veneración letífica y por otro procesiona en el misterio de la corporación. Durante todo el año porta en sus manos los atributos característicos de su iconografía: el acetre de agua bendita en la derecha y el hisopo en la izquierda, cambiados por los tres clavos de Cristo en la estación de penitencia.

Sebastián Santos crea una efigie hagiográfica con rasgos con los que fácilmente podemos identificar a la santa como la nariz de raíz hebraica. Unas uñas desgastadas por el servicio doméstico y los pies con sandalias simulando el caminar por los senderos de Judea con Jesús, al que acompaña hasta el sepulcro, así nos lo cuenta la propia corporación en su página web.

Ahora vamos a hablar de la historia de Santa Marta y su representación.

Hermana de Lázaro y de María de Betania. Marta está presente en la resurrección de Lázaro ya que fue la primera que salió al encuentro de Jesús y le comunicó la noticia de su muerte pidiéndole que lo resucitara, manifestando una confianza y una fe absoluta en Jesús, quién obró el milagro que le fue suplicado.

En su casa de Betania, Jesús se aloja en varias ocasiones en ella y Marta aparece hasta tres veces en los Evangelios. En dos de ellos se relata una visita de Jesús a casa de Lázaro. En el primer, Marta de nuestra como una mujer hacendosa, ocupada en las tareas domésticas y esforzada en las labores de anfitriona. Siempre aparece segundo plano con respecto a su hermana María, dedicándose a escuchar la palabra de Jesucristo. En la segunda visita a su casa, Marta vuelve a dedicarse a servir mientras María se centra en lavarle los pies a Jesús. Su situación y su actitud la han convertido en el cristianismo en la representante de la vida activa en comparación y con la contemplativa que se asigna a su hermana María. La leyenda la presenta junto a sus hermanos viajando a Francia, tras la ascensión de Cristo, evangelizando Provenza. Allí venció a un monstruo dragón fluvial, llamado Tarasca, enseñándole la cruz y rociándolo con agua bendita.

Murió en un lecho de cenizas en presencia de San Frontón y a partir del siglo XII se extendió su culto. En Tarascón (comuna y población de Francia en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul), se venera una tumba en la iglesia dedicada a ella.

Aparte de los mencionados anteriormente puede aparecer con atributos como la escoba, el incienso, el manojo de llaves, panes o una vasija. Es la patrona de las amas de casa, cocineras, lavanderas, hostelero, etc.

La mayoría de artistas han optado por representarla en el arte según cuentan los Evangelios, siendo la escena más frecuente aquella en la que Marta me pide a su hermana ayuda para preparar la mesa. Justo esta situación es la que pinta Velázquez. Otros autores se centran en identificar a María, la hermana de Marta, como la Magdalena pecadora, representando a las dos hermanas solas, sin la presencia de Jesús, con Marta recriminando a su hermana la vida banal que llevaba, como en la obra de Caravaggio, titulada ‘Marta y María’, que se expone en Detroit (en el Institute of Arts). Otro ejemplo es que suelen ocupar un segundo plano en la escena de Jesús frente a su hermana, de esta forma lo representa Henryk Siemiradzki en ‘Cristo en Casa de Marta y María’. En resumen, la santa es un recurso recurrente a la hora de plantear diversas escenas del Evangelio teniendo por protagonistas a Jesús y María de Betania junto a Marta.

Fotografía: Hermandad de Santa Marta.

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