Quién podría imaginar que aquel gitano agonizante por aquel cuchillo traicionero fuese a ser recelo de los más grandes artistas que el Globo Terráqueo ha dado.
Desde Constantino y aquella primigenia Basílica donde permanecían los restos de Simón, Pedro… pasando por todos los grandes maestros que pusieron su alícuota imaginativa al servicio de tamaña obra hasta llegar a Bramante, Sanzio y Sangallo que, por orden del Papa Julio II, proponen y diseñan, diseñan y proponen, para que a la muerte de éstos, un tal Miguel Ángel Buonarotti alzara de manera inconclusa lo que hoy es la Basílica de San Pedro, ampliada a su fallecer, incluyendo el Baldaquino que realiza Bernini en el crucero de la planta, sobre la mismísimo tumba de San Pedro, hasta nuestros días, sempiternamente coordenadas estratégicas de la fe cristiana y aún no habían sentido lo que es la presencia del Hijo del Altísimo.
Fue Ruiz Gijón, unas décadas a posteriori de la culminación del baldaquino quien dejara para la posterioridad la mismísima expresión de ese último aliento de Jesús en la Cruz, en la Calle Castilla y en 2025…
En la matemática de la vida hay ecuaciones que jamás conseguimos resolver, entender, calcular, … de algunas conocemos su tendencia, de otras su influencia y de otras que encontramos en la pizarra de nuestras fechas, ni siquiera alcanzamos a comprenderlas. Pues en mayo de 2025, la espiral del cristianismo conseguirá unir sus extremos de manera definitiva en la circunferencia perfecta, ésa que tiene un radio de aproximadamente dos mil trescientos cincuenta y un metros y en cuyo interior se englobará toda la fe de ese pueblo cristiano cabalga y batalla sin batallar por el mundo hablando del Mesías, de ese Jesús de Nazaret, del hijo de un humilde carpintero y curiosamente, la madera en Triana respira…
Aguarden la fecha agudizando los sentidos, con la calma tensa de lo que ha de venir o mejor, de lo que ha de llegar.
Se cierra el círculo del cristianismo y el Hijo De Dios, el Único Dios Verdadero recibirá culto en San Pedro, en la Basílica mayor, allá donde descansa su primer discípulo, el que puso la primera piedra y donde habita su Representante en la Tierra que se sentirá muy pequeñito ante Él.
Pronto, antes de lo que imaginan la Capilla Sixtina se quedará reducida a la simpleza de una ermita en mitad de un prado elevado y La Piedad mirará con envidia la Verdad que llega desde Sevilla.
El Cachorro en Roma.
“Veniet, vide et vincet…”
