A cuentas con… Septiembre

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“A esta es”…

Y llegó septiembre y todo sigue igual, o mejor dicho, casi todo. La pandemia vuelve a crecer y el miedo a un futuro nuevo confinamiento asusta los pensamientos de propietarios de locales y negocios que ven con pavor las cifras con las que nos bombardean en los telediarios.

En el ambiente cofradiero, tal y como escribimos en nuestro último artículo, las cervecitas arenadas de los chiringuitos y las sardinas veraniegas son los únicos testigos de los avances para el próximo curso. ¿Cuál es el problema? Que aún no hemos conseguido que ni las cervezas fresquitas y las sardinas asadas, nos cuenten que han oído en esas barras de chiringuito.

Por lo tanto, estamos como nos fuimos, sin ideas, sin proyectos, sin propuestas, sin opciones… Un año en blanco y ni por esa se ponen a funcionar. ¿Qué lo que se planifique hoy en enero puede ser papel mojado? Puede ser. Pero, ¿no es peor estar de brazos cruzados?

Se deberían estar debatiendo propuestas, opciones, planteando posibilidades para todas las tesituras…. ¿De verdad este Consejo de Hermandades va a dejar pasar otro año sin dar vida a la Semana Santa? Sé que muchos y muchas me diréis que “la salud es lo primero” y “que nos dejemos de jugar a los pasitos”, y tendréis toda la razón en lo primero y estaréis totalmente equivocado en lo segundo.

Pretender celebrar la Semana Santa de manera externa, no es otra cosa que lo que la Iglesia Católica viene haciendo desde hace más de 400 años, de una forma o de otra, de muchas maneras diferentes, en muchas condiciones diferentes, en situaciones tremendamente difíciles. Sin embargo se han conseguido realizar, teniendo a lo largo de la historia de nuestra ciudad multitud de ejemplos.

Quizás lo que se realice no tenga nada que ver con lo que actualmente conocemos como nuestros desfiles procesionales habituales, pero para la celebración externa de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor hay muchas y todas válidas.

Además de los motivos religiosos, existen otros muchos motivos para que se “haga algo” para solucionar este problema. El tejido empresarial de nuestra ciudad depende una buena parte de ellos de la gestión económica de esta fiesta religiosa.

Se empieza por el presupuesto de las hermandades, que, al verse mermado, repercute en toda la vida de hermandad: ayudas, mantenimiento de enseres, actividades propias. Los siguientes afectados serían los gremios que funcionan alrededor de todo lo que significa Semana Santa. Después nos encontramos con las empresas de servicios que tienen una buena parte de sus ingresos apostados a que la ciudad este viva: bares, restaurantes, puestos ambulantes y fijos, heladerías, cafeterías, servicios municipales.

En definitiva, en casi toda la ciudad tiene repercusión el que la Semana Santa funcione y eso debería ser como esa campaña que acaba de finalizar, la campaña veraniega y que no paramos de oír que ha funcionado a un 30 o un 35%, muy por debajo de lo habitual, pero mucho mejor que a un 0%.

Prefiero una Semana Santa al 30% que una fiesta religiosa sevillana, de nuevo, confinada en sus templos.

Señores consejeros, pónganse a trabajar, YA.

“Bueno, pararse ahí” 

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