El pasado sábado 24 de noviembre fue un día histórico para la feligresía de San Román. La iglesia de Santa Catalina volvió a abrir sus puertas después de más de 14 años para recibir a los titulares de las hermandades de la Exaltación, Santa Lucía y el Carmen y Rosario. Las calles se encontraron engalanadas para este añorado regresado de las corporaciones a su sede canónica, tras su restauración.
Santa Lucía de vuelta a Santa Catalina
Todo comenzó en la mañana, donde la cruz parroquial realizó su traslado desde San Román hacia Santa Catalina.
Mientras la Virgen del Carmen y la del Rosario fueron llevadas de manera privada. En declaraciones a INRI hace unas semanas, su hermano mayor Manuel Guijarro destacó que “la Virgen del Rosario no puede ser portada en unas andas, ya que no tiene la sujeción adecuada para ser llevada de esta manera, por lo que hemos decidido hacerlo de esta manera”.
A la tarde se efectuaron tomaron el camino de forma pública tanto Santa Lucía como el Cristo de la Exaltación y la Virgen de las Lágrimas.
A las 17.00 horas se abrieron las puertas de San Román para la salida de la santa, pero la lluvia hizo acto de presencia y esperaron unos minutos a que escampara. La imagen fue portada por unas andas cedidas para la ocasión por la Hermandad de San Roque. A las 18.00 horas hizo la entrada a su sede canónica ante cientos de fieles que allí aguardaban su llegada, y la propia corporación del Carmen y Rosario.
El esperado regreso de la Exaltación
Las 18.15 era la hora estipulada para la vuelta de la Exaltación a Santa Catalina tras casi tres lustros.
El Cristo de la Exaltación fue portado finalmente en las andas del Cristo de la Expiración del Museo, cedidas para esta ocasión. Además el crucificado estrenó unas nuevas potencias de plata realizadas por Raúl López, siendo donadas por la familia López Camacho. De igual modo, los casquillos de la cruz serán los antiguos de plata de la corporación del Jueves Santo.
Por otra parte, la Virgen de las Lágrimas llevó las andas de la Esperanza de Triana, con catorce puntos de luz, uno por cada año en su estancia en la vecina parroquia de San Román, presentando uno de ellos el lema por los donantes de órganos y en los demás serán colocados los nombres de todos los fallecidos en el seno de la hermandad durante estos catorce años. La imagen llevó el manto de terciopelo verde bordado en oro de la dolorosa de la calle Pureza, la toca de sobremanto de la Virgen del Amor de Pino Montano y una saya blanca de tisú bordada en oro perteneciente a la corporación del Jueves Santo. Como novedad, contó con un tocado, tratándose de un chal de tul egipcio bordado en plata, donado por la juventud de la corporación y de la propia familia López Camacho.
A la hora estipulada de su salida, una pequeña precipitación volvió a hacer acto de presencia y la corporación del Jueves Santo decidió atrasar el traslado, posponièndola hasta que dejara de llover. Minutos después emprendieron el camino de regreso por el mismo itinerario fijado: plaza de San Román, Peñuelas, Doña María Coronel, Gerona y capataz Manuel Santiago.
A su entrada cientos de fieles se agolpaban a las puertas de Santa Catalina para el preciado momento. Tras la cruz de guía llegaron las andas del crucificado bajo la Coral de San Felipe Neri y cuarteto de viento-metal de la Banda de Música Municipal de Arahal, revirando para ponerse de cara al público y hacer su respectiva entrada. Lo mismo ocurrió con la Virgen de las Lágrimas, que fue acompañada por la Escolanía de María Auxiliadora. Tanto los estandartes de Santa Lucñia y el del Carmen y Rosario aguardaron la llegada de ambas imágenes. Momentos de emoción y de alegría y varios aplausos por parte de todos los testigos allí presentes se llegaron a dar en una jornada histórica para la entidad.
Vídeos: Carlos Iglesia.
Fotografías: Ángela Vilches.
