No es que te quiten, es que no te mueves

Avatar de Estrella CarreñoPublicado por

Llevo varios días observando, con una mezcla de perplejidad y cansancio, cómo se ha convertido en asunto de Estado el debate sobre los brazaletes del Servicio de Cofradía. Y, como casi siempre, la polémica la alimenta quién menos sabe de lo que está hablando. Mucha opinión, mucho gesto indignado, mucho tribunal improvisado en redes o en medios y poca idea de lo que es una Estación de Penitencia trabajando de verdad.

Conviene decirlo sin rodeos, ya que parece que a algunos les gusta más el ruido que la realidad. Si una persona con brazalete o alguien con autoridad y órdenes para hacerlo os pide, con educación además, que os apartéis de delante o de detrás de un paso, os apartáis. Así, sin drama, sin debate y sin montar un numerito de ofendidos profesionales (ni a posteriori tampoco ¿eh?).  

No es una sugerencia para ver si apetece cumplirla, es una necesidad porque lo más probable es que estéis entorpeciendo el discurrir natural de la cofradía, restando comodidad a los nazarenos y poniendo en riesgo algo que luego todos decimos valorar mucho, la seguridad. Hasta que toca moverse, claro, que entonces ya la seguridad parece una molestia menor.

Hay quién se coloca ahí no por devoción, ni por respeto, ni por entender lo que significa una cofradía sino porque cree que su condición de “alguien conocido”, “hermano de toda la vida” o “amigo de fulanito de la junta” le otorga una especie de pase VIP invisible. Y no, no hay pase. No hay privilegio. No hay bula. Esto no es una alfombra roja ni un photocall de Semana Santa para sacar pecho, hacerse el interesante y buscar plano. Es culto externo, con orden, con estructura y con normas. A algunos les cuesta muchísimo entender que la tradición no consiste en ponerse donde uno quiere, sino en saber estar donde toca.

Y ojo, que aquí también conviene afinar, porque no todo el que lleva algo colgado o una acreditación tiene barra libre para mandar. Hay demasiados acreditados que confunden acceso con autoridad y se vienen arriba a la mínima, como si llevar una tarjeta al cuello los convirtiera en algo más que lo que son. Y no, no tienen esas órdenes, ni esa potestad, ni falta que hace. Por eso, igual que se pide respeto al brazalete de verdad o a quién tiene autoridad y órdenes para hacerlo, también convendría aprender a distinguirlos: fijarse en si pone claramente Servicio de Cofradía, si es nazareno con vara o palermo o si es paisano con función asignada.

Y también conviene aclarar otra cosa, porque se habla mucho y se sabe poco. El que lleva el brazalete o quién tiene autoridad y órdenes para hacerlo no suele estar actuando por libre, ni despertando esa mañana con vocación de Policía Nacional o de CECOP. Las indicaciones vienen de arriba. Los diputados de tramo reciben órdenes concretas de la junta de gobierno y las transmiten pues los brazaletes o acreditados con potestad, igual. Cadena de mando de toda la vida, de la que no sale en los vídeos virales porque, claro, eso no vende tanto como señalar al que está en primera línea y convertirlo en el malo de la película. Culpar públicamente al hermano que lleva el brazalete o a quién está cumpliendo órdenes es cómodo. Y bastante injusto, ya puestos.

Dicho esto, tampoco hay que hacer trampas. Las formas importan, y mucho. La brusquedad, el tono prepotente o la mala educación no las comparto ni las defenderé jamás. Porque una cosa es ordenar y otra bastante distinta es creerse capitán general de nada. Pero de ahí a demonizar a unos diputados de paisano porque porque unos pocos se exceden hay un trecho enorme. Un trecho que, curiosamente, muchos recorren encantados cuando toca pedir orden, seguridad y control. Qué curioso todo. Qué casualidad tan frecuente.

No hace falta llevar un brazalete para entender algo bastante elemental. Si una cofradía ha de avanzar, alguien tiene que velar por que no se convierta en una romería improvisada de egos, selfies y “es que yo conozco a”. Y la inmensa mayoría de quiénes hacen ese trabajo no están ahí por gusto de mandar, ni por afán de destacar, ni por gusto de echar a nadie. Están porque alguien tiene que hacerlo. Porque la cofradía no se sostiene sola. Y porque el orden, aunque a algunos les parezca una molestia, sigue siendo la forma más elegante de respetar lo que se está viviendo.

Así que la próxima vez que veáis un brazalete o a alguien con autoridad y órdenes para hacerlo pidiéndoos que os desplacéis, hacedlo con amabilidad, por favor. No os están quitando protagonismo, ni atacando vuestra sensibilidad, ni mancillando vuestra grandeza espiritual de balcón. Os están diciendo que os apartéis porque estáis donde no debéis estar. Punto.

Y si aún así la norma os parece poco menos que una agresión a vuestra dignidad, siempre queda la opción más cómoda y más coherente. Quedarse en casa, en el sofá, viendo la retransmisión. Allí podéis poneros delante del paso todo lo que queráis, no molesta nadie, no molestáis a nadie y, por una vez, la cofradía agradece vuestra ausencia más de lo que imagináis. 

Deja un comentario