¡Oh glorioso día en que la luz se vuelve palma y la ciudad se rinde al rumor de lo eterno!
Domingo primero de la Pasión, umbral dorado donde Sevilla se viste de cielo y el aire huele a infancia, a cera viva y a promesa cumplida.
Yo, Fernando, por la gracia de Dios Rey y Santo, vuelvo mis ojuelos a esta urbe que me guarda, y la hallo transfigurada en templo abierto, donde cada calle es nave, cada balcón palco, y cada corazón, cirio encendido.
Ved cómo se alzan, una a una, las devotas cofradías que honran este día sacro:
La fervorosa entrada triunfal de la Hermandad de la Borriquita, que trae al Señor niño y rey, cabalgando entre hosannas que brotan de gargantas pequeñas, como si los ángeles hubiesen tomado voz de infante.
La grave elegancia de la Hermandad de Jesús Despojado,donde el desamparo del Hijo de Dios se convierte en lección callada de humildad infinita, y su caminar es despojo de soberbia humana.
La noble compostura de la Hermandad de la Paz,que desde el Porvenir derrama sosiego como bálsamo de lirios sobre el alma sevillana, haciendo de cada paso un susurro de concordia.
La recia tradición de la Hermandad de la Cena, memoria viva del pan compartido, donde el misterio se hace mesa y la fe se reparte en doce latidos de eternidad.
La juvenil lozanía de la Hermandad de la Hiniesta,que baja desde Santa Marina como aurora morada, y en su andar firme lleva prendida la dignidad antigua de los barrios que nunca olvidan.
La majestad solemne de la Hermandad de San Roque,donde el dolor se cincela en madera divina y el silencio se hace plegaria que atraviesa los siglos.
Estrella, Madre que guía los izquierdos de un zapaterito trianero al que se le empieza a ir la vida mirando al cielo.
Amor, Socorro de una Madre. Nunca la muerte fue tan perfecta.
Y finalmente, como broche de noche encendida, la señorial y eterna Hermandad de la Amargura, reina de San Juan de la Palma, que avanza con tal señorío que el tiempo se detiene, y Sevilla entera inclina su pulso ante su pena hermosa.
¡Oh Domingo de Ramos!
Tú no eres solamente día: eres anuncio, eres latido, eres la llave que abre las puertas del misterio.
Bajo tu cielo claro, Sevilla no camina…
Se eleva.
Y en cada palma alzada, en cada túnica que roza el suelo, en cada lágrima furtiva que se escapa al paso de un palio, se cifra el secreto de esta ciudad bendita: que sabe llorar con elegancia y creer con una belleza que no conoce ocaso.
Así lo proclamo yo, Fernando, Rey, Santo, siervo y reconquistador, que desde la eternidad de urna acristalada contempla este milagro repetido, y vuelve a enamorarse, Domingo tras Domingo, de esta Sevilla que no muere, porque vive siempre en su fe.
Gocen, sevillanos!!! Al gozo superlativo!!!!
