450 años de Museo y con un ‘Stabat Mater’ para la posteridad

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El pasado mes de noviembre quedará marcado en la memoria de los cofrades sevillanos. No todos los días se cumplen cuatro siglos y medio de historia, y la hermandad que tiene su casa en la recoleta plaza del Museo quiso celebrarlo de la forma más elocuente que conocen las cofradías de Sevilla: poniendo a sus titulares en la calle.

El 450 aniversario fundacional de la hermandad tuvo como acto central una misa estacional en la catedral presidida por el arzobispo José Ángel Saiz Meneses. Para ello, el Cristo de la Expiración y la Virgen de las Aguas fueron trasladados desde su capilla hasta la seo metropolitana el 7 de noviembre, regresando al día siguiente en procesión extraordinaria.

Pero esta salida tuvo algo más que el valor de una efeméride. La hermandad recuperó una escena histórica: el Stabat Mater, con la Virgen arrodillada a los pies del Crucificado sobre el mismo paso del Señor, una estampa que no se veía en Sevilla desde 1922.

Se trataba, en definitiva, de volver a mirar al pasado para celebrar el presente. Una fotografía antigua que cobraba vida de nuevo en las calles del centro de Sevilla.

El traslado de ida a la catedral

La tarde del viernes 7 de noviembre comenzó a tomar color cofrade mucho antes de la hora marcada. La plaza del Museo, acostumbrada a la calma de los días laborables, empezó a llenarse de miradas expectantes y cámaras preparadas. No era un día cualquiera.

A las 17.00 horas se abrían las puertas de la capilla y el paso comenzaba a andar hacia la catedral de Sevilla. Sobre él, el Cristo de la Expiración y la Virgen de las Aguas componían esa escena de profundo dramatismo que durante décadas había permanecido únicamente en la memoria de las fotografías antiguas.

El recorrido discurrió por el corazón de la ciudad: San Vicente, Cardenal Cisneros, Teniente Borges, la Campana, Sierpes, Cerrajería, Cuna, Salvador, Francos y Placentines, hasta alcanzar el entorno catedralicio.

Fue un traslado sereno, con el ambiente propio de las grandes ocasiones. En cada esquina se repetía la misma escena: silencio respetuoso, teléfonos levantados y ese murmullo característico que acompaña siempre a los días que saben a historia.

El paso avanzaba con elegancia, recreando una iconografía que parecía salida de otro tiempo. La Virgen, arrodillada a los pies del crucificado, devolvía a Sevilla una imagen olvidada que durante generaciones solo había sobrevivido en relatos y grabados.

Ya entrada la noche, tras atravesar la estrechez de las calles del centro, el cortejo alcanzaba la puerta de los Palos, por la que el paso entró en la Catedral en torno a las 21.30 horas, culminando así el traslado para los cultos del aniversario.

Se cerraba la primera página de un fin de semana que todavía guardaba su momento más esperado.

El regreso con los sones de la Oliva de Salteras

El sábado 8 de noviembre, tras la misa estacional celebrada en la Catedral, llegaba el momento de que el Museo volviera a su barrio. Y si la ida tuvo sabor histórico, la vuelta fue directamente una procesión triunfal.

A las 17.00 horas comenzaba a formarse el cortejo en el interior del templo metropolitano. Poco después, el paso salía a la plaza de la Virgen de los Reyes para iniciar un recorrido que lo llevaría por algunas de las calles más emblemáticas del centro de Sevilla.

La escena tenía algo de evocación antigua: el crucificado y la dolorosa compartiendo paso, rodeados de un público que intuía estar asistiendo a una imagen difícil de repetir.

Y entonces comenzaron a sonar los compases de la Sociedad Filarmónica Nuestra Señora de la Oliva de Salteras, la banda que cada Lunes Santo acompaña al palio de las Aguas y que, en esta ocasión, ponía música a un momento extraordinario.

El itinerario llevó al paso por Alemanes, Hernando Colón, la plaza de San Francisco, Plaza Nueva, Tetuán, Rioja y la Magdalena, antes de adentrarse en el tramo final por San Pablo y Canalejas.

Hubo lugares especialmente señalados en la procesión: la visita al Ayuntamiento, el paso por el convento del Santo Ángel o la llegada a la parroquia de la Magdalena, donde el público se agolpaba buscando una última mirada al Stabat Mater recuperado.

Ya de noche, el paso tomó las calles Gravina, Pedro del Toro y Bailén, el mismo entorno que cada Lunes Santo ve pasar al Cristo de la Expiración camino de la Carrera Oficial. El ambiente se volvía más íntimo, casi de barrio, como si Sevilla entera hubiera acompañado al Museo hasta la puerta de su casa.

Finalmente, pasadas las 22.30 horas, el paso regresaba a la plaza del Museo y entraba de nuevo en su capilla, cerrando una jornada histórica para la corporación.

La estampa del Stabat Mater volvía a recogerse entre los muros del templo, pero quedaba ya grabada en la memoria de quienes la contemplaron.

Porque hay procesiones que se viven… y hay otras que se recuerdan durante décadas.

Vídeos: Carlos Iglesia.

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