1966, la Madrugá del colapso total

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Una de las grandes problemáticas a la hora de la configuración de la Semana Santa es la jornada de la Madrugá.

A pesar de que sean seis las cofradías que se ponen en la calle, es la jornada con más nazarenos e toda la Semana Mayor hispalense, donde además se congregan las principales devociones de la ciudad.

En este sentido, en el año 1966 se vivió un hecho inusitado, y que, tal y como siguen ampliando su cortejo de nazarenos las cofradías del día, no se descarta que pudiera volver a suceder, y que generaría un problema de enorme seguridad.

La Madrugá del colapso total

La Madrugá de 1966 era algo distinta a la que se conoce actualmente. Las calles se encontraban atestadas de personas y público que no se quisieron perder ningún detalle de esta jornada, ni tan siquiera la princesa Paola de Bélgica, que dio la primera levantá a la Virgen de la Esperanza Macarena

Tanto el Silencio como el Gran Poder (la primera vez que salía de su capilla, actual basílica) regresaban por la plaza del Salvador y Cuna a sus respectivas sedes canónicas.

Por otra parte, los Gitanos, cuya sede canónica era San Román, llegaba a Carrera Oficial por la Alameda y Trajano, pero en ese año, lo hicieron visitando el palacio de Dueñas y el convento de las hermanas de la Cruz, para continuar por Laraña, Orfila y Javier Lasso de la Vega, similar a como lo hace actualmente.

En ese sentido, cuando los Gitanos seguía por Orfila, el Silencio no podía continuar, generándose la famosa ‘pescadilla que se muerde la cola’. Tanto el Silencio y el Gran Poder se quedaron en el eje de Cuna, plaza del Salvador y Francos sin poder continuar, mientras que la Macarena no podía salir de la Carrera Oficial. El Calvario se encontraba dentro de ella, mientras que la Esperanza de Triana entraba y los Gitanos esperaba, mientras taponaba el regreso del Silencio.

Se vivieron momentos caóticos por momentos, donde los cortejos estuvieron parados durante más de una hora. Tras la compresión de los mismos, pudieron desatascar esta situación, provocando importantes retrasos. En el caso del Gran Poder, que tenía prevista su entrada a las 07.30 horas lo hiciera a las 09.00 horas.

El cabildo extraordinario del Gran Poder como la gran sacrificada

Tras los hechos acontecidos, la Hermandad del Gran Poder celebró un cabildo extraordinario de hermanos tras el escrito de un centenar de hermanos al entonces hermano mayor el vizconde de Dos Fuentes para interponer una solución al respecto. Además, los hermanos remitieron un escrito al cardenal Bueno Monreal en el que detallaban el calvario sufrido y cómo el público, de un modo irrespetuoso, «asaltó materialmente los pasos arrebatando con violencia las flores».

En este cabildo se generó un tenso debate. Se llegó a plantear cambiar la ubicación del Palquillo del Consejo de la Campana a la plaza Villasís e incluso que el Gran Poder cambiara la jornada y saliera en la madrugada del Jueves Santo. También hubo hermanos en la que se pidió que el Silencio regresara por el Postigo.

En este sentido, un hermano de la corporación, Javier Mencos propuso la solución de que el Gran Poder transitase por el Postigo: «Se midió y lo he vuelto a medir hace un par de noches. Es de algo más de 500 metros que el actual. Supone, en circunstancias normales, un retraso de diez a doce minutos, pero hay que tener en cuenta que se evita una serie de entorpecimientos». Finalmente se decidió que el Gran Poder regresara por el Postigo.

Las incidencias en el pleno extraordinario de la sección de penitencia del Consejo de Hernandades

Unos días después, se celebra un pleno extraordinario de la sección de penitencia del Consejo de Hermandades. En él se conoce los motivos que dieron lugar a este colapso de la jornada: «El retraso del Calvario desajusta un horario cronometrado; así como el de la Esperanza de Triana, con un retraso en la Campana de 20 minutos, que fue aumentando al paso por los sucesivos tribunales, dejando una considerable separación con el Calvario, y negándose en la catedral a avanzar con su cruz de guía alegando que los pasos estaban muy retrasados motivado por la forma poco correcta -según el escrito- en que eran conducidos».

Por todo ello, se amonesta a la Esperanza de Triana y se propone el reajuste de los horarios e itinerarios de cara a la siguiente Madrugá en común acuerdo, y si no resultase, lo impondría la autoridad eclesiástica.

Además también se habló de la falta de autoridad del Consejo, de las tensas relaciones entre alguna de las hermandades en aquel momentos, horarios sin ninguna lógica, e incluso de acompañamientos y marchas no tradicionales, que «incitan al público a aplaudir y a los costaleros a realizar movimientos grotescos», y de un comportamiento irrespetuoso del público.

Las ordenanzas de Bueno Monreal en 1967

Por todo ello, el cardenal Bueno Monreal introdujo nuevas ordenanzas de cara al siguiente año 1967. Entre ellas destaca que el acompañamiento musical y las marchas que se toquen deben de ser comunicadas previamente y se establece que sean el mínimo posible para no entorpecer la jornada.

Se alude a que los pasos deben de andar de manera tradicional y se crea la figura del delegado de día. Se fija, igualmente, que los fiscales de paso tienen la responsabilidad de la conducción de los pasos y habrá que comunicar sus nombres al menos con 20 días de antelación al Cabildo de Toma de Horas.

Fotografía: El Correo.

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