Un hito para la historia de la Hermandad de los Javieres se llevará a cabo el próximo sábado 17 de enero. sus titulares serán trasladados a la iglesia del Sagrado Corazón, su nueva sede canónica y su primitivo templo, dejando así la parroquia de Omnium Sanctorum tras 49 años de estancia.
El contrato de comodato con los jesuitas, ha hecho que la corporación del Martes Santo tenga su propia sede canónica, donde incluye tanto la iglesia del Sagrado Corazón como la capilla de los Luises.
Cabe recordar que esta capilla situada en la calle Trajano fue realizado por Aníbal González. Ya la hermandad ha celebrado una veneración en honor a San Francisco Javier en su festividad el pasado 3 de diciembre, y más recientemente, el cabildo de elecciones de este martes 13 de enero.




La capilla de los Luises
Este nombre de la capilla de los luises proviene de la Congregación Mariana de San Luis Gonzaga, para la que fue construida a comienzos del siglo XX. El jesuita Carlos Gálvez encargó las obras de este centro para actividades apostólicas de la Compañía al célebre arquitecto sevillano Aníbal González.
Es un edificio básicamente hecho de ladrillos vistos, labrados en su fachada y en partes de su interior. Destaca la portada, de estilo neogótico, sobre la que está una imagen de San Ignacio de Loyola, realizada por el escultor José Lafita Díaz. La fachada está hecha de ladrillos rojos, con un friso y tienen unas figuras simbólicas entre hojarasca de vegetales. La parte alta termina en unos pináculos neogóticos y un torreón de una gran originalidad. Los hierros forjados también es obra de Aníbal González.
El interior de la capilla presenta estilo neogótico de influencia italiana, de una limpieza de líneas y perfección admirable. Llaman la atención las nervaduras de la nave, que arrancan de un friso también hecho de ladrillo labrado, de motivos diferentes en todos los lienzos de las paredes. Tres vidrieras con motivos ignacianos dan luz desde las ventanas, que se abren a la calle Trajano.
El zócalo de toda la capilla está hecho de azulejos de una gran armonía cromática. Fueron hechos en la fábrica de azulejos de Julio Laffitte (Los Remedios), sobre cartones pintados por el gran artista Gustavo Bacarisas, que en esta obra deja una de las mejores muestras de tema religioso de toda la pintura modernista en Sevilla. En ambos lados del presbiterio están las escenas de la Anunciación y la Natividad del Señor, y a lo largo de la capilla las catorce escenas del viacrucis.
El púlpito es una filigrana de hierro forjado y dorado, también diseñado por Aníbal González. El retablo está hecho de caoba tallada en su color, tiene escenas de las vidas de los Santos de la Compañía de Jesús. Fue tallado por el escultor Adolfo López. Este autor también ejecutó la imagen de la Inmaculada, que preside el retablo, que es copia de la ‘Cieguecita‘ de Montañés, que se conserva en la catedral hispalense.
Todo el conjunto de esta obra de Aníbal González es de un gusto exquisito, y es un edificio único en la arquitectura sevillana de comienzos del siglo XX.







