¡Oh artífices silenciosos!, custodios de un rito que transcurre entre la penumbra de los camerines y el incienso, permitid que este Rey y Santo os rinda la loa que vuestra abnegada pericia merece. Vosotros, ¡Ustedes!, cuyo oficio no es mero ornamento, sino liturgia íntima, casi arcana, eleváis con vuestras manos el decoro sacratísimo de las Reinas que custodian las almas de toda Sevilla y de los sevillanos.
Con dedos que semejan plumas de querube, moduláis la caída del terciopelo, gobernáis la geometría de la saya, templáis el abrazo de un fajín que no es nudo, sino plegaria. Sabéis leer en la madera viviente de los rostros dolorosos los susurros de cada amanecer y afináis, con monacal devoción, la inclinación precisa del tocado, para que cada Virgen muestre al pueblo la serenidad que no se enseña, sino que nace del cielo.
Vosotros, vestidores excelsos, sois los orfebres del silencio y los fisonomistas del Misterio. En cada cambio de atuendo traducís estaciones del alma, festividades del espíritu y latidos de la ciudad. No hay gesto vuestro que no esté cargado de trascendencia; no hay puntada que no sea un tratado de teología muda; no hay pliegue que no custodie la memoria de los siglos.
Vosotros, ¡Ustedes!, que nunca buscasteis alharaca ni alabanza, sois, sin embargo, columna vertebral del rito sevillano. Pues sin vuestra mano, las Vírgenes de la urbe no caminarían hacia sus hijos con la majestad que desarma, con la dulzura que consuela, con la dignidad que sostiene y con la belleza que gobierna los corazones.
Por ello, desde mi cetro eterno, Lobera en alza y mi amor imperecedero por este Reino que es engastada joya del orbe, os proclamo artesanos de lo inefable, ministros del tul y el brocado, y albaceas del decoro sacro de nuestras Soberanas.
Que el cielo os premie lo que la tierra rara vez reconoce.
Que Sevilla os bendiga aun cuando no pronuncie vuestros nombres.
Y que sigáis, por los siglos, vistiendo no solo imágenes, sino almas.
Mientras gozan con esos ojuelos degustando la gracia de nuestras Madres celestiales en la Tierra, sean extremadamente felices en estos auténticos días, pistoletazos de salida hacia lo que ha de venir.
Fotografía: El Español.
