Pleno de Esperanza

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En el nombre del Altísimo y su Bendita Madre trianera, fuente de toda gracia y amparo de los pueblos que en Ellos confían.

Sepan cuantos este manuscrito vieren a leer que, movido por el celo de la fe y por el amor que profeso al Reino de Sevilla, aquende mi oda a la Misión Evangelizadora de la Esperanza de Triana, destinada a sembrar la luz de Cristo en los corazones de los fieles y en los rincones más humildes del arrabal y llevar la fe a esos otros rincones extramuros donde tanta falta hace la esperanza.

Esta obra no nace del orgullo de los hombres, sino del clamor del alma que busca redención y consuelo. Que los portadores de la Esperanza, bajo el amparo de la Santísima Virgen, sean mensajeros de paz y pureza, bálsamo del afligido y guía del descarriado. Que su palabra sea firme como torre y dulce como fuente, y que su paso por las calles sea signo de reconciliación y fervor.

Triana, noble en su temple y en su gente, será faro del Evangelio si en sus hijos florece la caridad. No hay corona más alta que servir al pobre, ni victoria más pura que la del espíritu que se entrega. Así, donde antes hubo ruido de hierro y fatiga de hornos, resuene ahora el eco de los cánticos y el verbo del perdón allá por la totalidad de callejuelas donde siempre el amor infinito a una Madre entregada.

Y juro, por mi fe y por la dignidad que Dios Hijo, caído en un trío de eventualidades, aferrando su mano a la piedra que lo impulsa a seguir caminando por nosotros, me confió, que mientras Sevilla se alce a orillas del Guadalquivir, la Esperanza de Triana será su corazón orante, su lámpara encendida en la noche, su testimonio de amor perpetuo.

Sean gozosos instaurados en la felicidad superlativa.

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