En el extrarradio del reino de Sevilla, en un rincón apartado donde el río Guadalquivir serpentea con la nobleza de los tiempos antiguos, se alza el barrio de Pino Montano. Allí, entre sus caseríos sencillos y la brisa perfumada por los huertos cercanos, nació una historia de amor, de mucho Amor que, aún siendo humilde en su forma, resultó tan pura y elevada como las estrellas que velan las noches.
Vivía en ese paraje una mujer, de belleza tal, que todo el que se le acercaba, caía rendido. Sus ojos, como dos luceros, revelaban la sabiduría oportuna de una madre. Era dueña de una virtud que, en silencio, iluminaba a cuantos la rodeaban.
En las mismas calles del barrio, por lo arbitrario y azaroso del destino, un joven cruzó mirada con Ella y sus ojos se encontraron. En aquel instante el corazón de aquel joven desconocido por esos lares explotó y reconoció en esa cara bajo palio, la cara de su madre.
Dulces fueron los días que siguieron, en los que de escapaba en secreto a verla, a rezarle. Innecesarias las palabras hechas promesa, pues el Amor verdadero no precisa de juramento.
El joven jamás se perdía un viernes, esos viernes de Amor en el barrio a su amada Madre, a la que seguía tras su palio, a la que buscaba de reojo cuando la nocturnidad cae entre sus calles y la cera lagrimea para iluminarla.
TU MIRADA ME REGALA UN AMOR INCONDICIONAL
Ayer se repitió extraordinariamente esta historia donde el Amor, sempiternamente es protagonista, donde Ella es la reina de un barrio y el barrio estaba a su lado y en medio del gentío, individual, callado y anónimo, vio como todo el pueblo le rezaba. Estaban de fiesta porque su Madre, la madre de todo el barrio se paseaba espléndida por las callejuelas que la han visto nacer y crecer.
Así, en este barrio sencillo y recóndito, se teje una historia que habla del Amor eterno, de las voluntades que ni el tiempo ni la distancia pueden doblegar. Pues como versaba aquel Sabio Rey: “Las más bellas joyas de la vida son las que no se ven, sino las que habitan en el corazón”. Y este Amor resplandecerá para siempre en el alma de Pino Montano.
Sean felices.
