Salustiano anunciando a Sevilla

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Arte, artista, estilo y postal “acartelada”.

Sevilla y sus barroquísimas hechuras de entender la Semana Santa y la propia vida se sitúan niveles longitudinales medibles en las antípodas de la obra de Salustiano, pero no de esta en concreto, de la totalidad.

Fondo rojo exultante y muy llamativo, señal y marca del artista y un Jesús resucitado muy humano, pacífico, dulce e incluso se atrevería este Rey Santo a versar que atractivo, con las marcas cuerdas de la pasión, con una melena alisada infinitamente distante del retorcimiento barroco como Sevilla ve.

El Triunfo sobre la muerte, sobre el dolor y sobre el mal lo simboliza una cara serena y relajada con las potencias del Cristo del Amor y los aires sevillanos solo podrían hacer jugar las telas del sudario del Cachorro. ¿Guiño? ¿Necesidad de acercarse a Sevilla?

Sevilla, tan superlativamente suya, tan exaltada en lo suyo y tan arraigada a sus maneras. Salustiano, tan rompedor en su obra, tan diferencial en sus trazos y tan fiel a lo suyo.

La imposibilidad de entendimiento era evidente. A nadie debería extrañar que al pueblo, acostumbrado a la tradición, instalado en su Septenaria e instaurada en la costumbre, no le provoque mucho más que rechazo y es que, si gustan, y a riesgo de ser atrevido, la obra majestuosa de Salustiano no es anunciadora de la Semana Santa de Sevilla, sin quitar por ello un ápice de su excelsa calidad pictórica y artística.

Sevilla, culta e inculta, controla sus propios cánones de lo que debe y de lo que no debe ser.

Si sustituimos el retrato de ese Jesús Cristo Resucitado tan terrenal por una de las tallas de nuestra Sevilla, incluso en el atrevimiento excelso de jugar con varios “modelos”, el cartel sería aplaudido desde todos los sectores. Y aún así, alguno diría que se parecería a tal y cual…

La decisión de elegir es tan compleja y pide conllevar tanta casuística adjunta que para el desconocedor de lo motivante, puede ser una aberración.

Quizás la culpa sea el querer buscar algo diferente, novedoso, o tal vez sea un acierto pleno y en su plenitud, Sevilla debe cambiar sus formas visuales de entender el arte y asumir que solamente es una obra anunciadora. Aún sin serlo.

Como pueden otear, en la complejidad radica lo total y hay vertientes aceptadas y acertadas en ambos limes. Juzguen ustedes mismos y no olviden ser felices.

Fotografía: Consejo de Hermandades.

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