«El inmovilismo de nuestras hermandades es un mal endémico de las mismas». «Nuestra Semana Santa sufre de inmovilismo en la mayoría de sus jornadas».
Estoy seguro que han leido o escuchado en alguna ocasión las frases arriba expuestas. Ahora bien ¿Creen que es así? ¿Sufrimos de inmovilismo las hermandades? En el artículo de opinión de esta semana, vamos a tratar el asunto.
La respuesta a esas preguntas no pueden tener una respuesta cerrada, la respuesta no es sí o no. Entre las 60 hermandades de la nómina y entre las ocho jornadas de la semana, hay suficientes diferencias como para ver que ni todos los días son iguales, ni todas ellas actúan al unísono. Sí existen hermandades que en los últimos años, y en este próximo, han realizado cambios para mejorar su estación de penitencia, y en algunos casos, para mejorar a otras de su misma jornada. Ejemplos tenemos varios:
– El regreso del Museo por Zaragoza y Gravina.
– El acuerdo de las hermandades para el «Santo Martes» de 2018.
– La Bofetá por el Arenal desde 2019.
– Los Estudiantes por Puerta de Triana desde 2019.
– Alargar su recorrido algo más de la Hermandad del Silencio desde 2018.
– La salida de la Hermandad del Calvario por Cristo del Calvario desde 2018.
– La vuelta por la Alfalfa de la Hermandad de la Macarena desde 2018.
– El adelanto de la salida de la Hermandad de los Panaderos para 2020.
– La carta protesta del hermano mayor de San Esteban tras verse desplazado por el resto de hermandades del día.
Y algunos cambios más que se quedan en el tintero seguro. En definitiva, la Semana Santa y sus hermandades están claramente vivas y en movimiento. Nada de inmovilismo, por lo que la cuestión es ver si esos cambios son suficientes, a qué están motivados y qué consecuencias trae.
En la mayoría de los casos, vienen provocados por soluciones unilaterales ya que no se llega a acuerdos mayoritarios en la jornada y esas soluciones suelen ser ampliar el recorrido y, por tanto, el tiempo de estancia en la calle.
Desde un punto de vista general, la Semana Santa de Sevilla está cerca de un punto de colapso material, las calles son las que son y los cortejos, en la mayoría de los casos, siguen aumentando. No se cabe, es algo objetivo y a la vez obvio. Ni un conteo bienal por Carrera Oficial, ni alargar continuamente recorridos (aumentando los posibles cruces con otras hermandades), son soluciones de futuro.
Desde el punto de vista de este humilde opinador, el problema de la organización de nuestra Semana Santa esta en sus propios organizadores: El presidente del Consejo, El Consejo en sí, sus delegados de días y por ende, los hermanos mayores de cada jornada afectada (unos en más y otros en menos porcentaje de culpa).
¿De qué sirven los delegados de día, si en sus jornadas no son capaces de poner orden, si hay hermandades que de manera unilateral y sin consultar deciden adelantar su salida una hora y media, poniendo en riesgo horarios de paso de otras hermandades, afectadas por esa decisión?.
¿De qué sirve un delegado de día, si una hermandad tiene que realizar una carta pública exponiendo como se ha sentido despreciada por el resto de compañeros de jornada, incluido el delegado, teniendo que soportar de nuevo una imposición, injusta para ellos, y con la mirada hacia otro lado del resto de miembros del día?
¿Para qué sirven las jornadas de convivencia de cada una de los días de la Semana Santa si entre los hermanos mayores de las mismas no son capaces de llegar a acuerdos?
¿Y el Consejo? ¿Para que sirve el Consejo? El Consejo en los últimos años lo único que ha conseguido es imponer la derogación del «Santo Martes», gracias a la presión mediática (temblando por la posible pérdida de su Santa Campana), con el beneplácito de Ayuntamiento y con el silencio complice del resto de hermandades de las demás jornadas, que callaron ante lo que les ocurría a las cofradías del Martes.
¿Y por qué el Consejo no busca soluciones? Porque es un Consejo endeble, cohibido y solo fuerte cuando se ve con el respaldo de arzobispado y prensa morada (sobre todo esa que nos llama desde el ente público).
Para acabar que el artículo tiene un tamaño y el tema es interminable… ¿Soluciones? ¿Alguien se ha planteado la opción hablar con la Iglesia? Con la Iglesia hemos topado. ¿No es posible convencer al cabildo catedral de que mueva «un poco» sus horarios?. Empezariamos antes, podriamos acabar más tarde (en jornadas como la Madrugada). ¿Podría abrirse la entrada por Martín Villa en Carrera Oficial? Así nos ahorrariamos todas las hermandades que pasan por el eje Orfila con Javier Lasso.
Y por supuesto, que el Consejo haga del Consejo y cuando en una jornada todas cambian sustancialmente su recorrido, menos una y esa sigue teniendo cruces dificultosos, «se le obligue» a variar su recorrido, al igual que a otras de la misma jornada se le obligó.
O podriamos pensar que en nuestra Semana Santa, hay hermandades de primera y de segunda. ¿Verdad Señor Vélez?
