De nuevo, la Macarena

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Por desgracia, en las hermandades sevillanas se ha inyectado en este comienzo del siglo XXI una ‘enfermedad’ (esperemos que sea lo más benigna posible), que consiste en exagerar la demostración pública de sus enseres e imágenes, sea con coronaciones canónicas, salidas extraordinarias, exposiciones conmemorativas de enseres y bandas de música o, en el menor de los casos, con humildes traslados por la collación del templo, el caso es demostración externa de sus enseres o sus imágenes.

Vaya por delante, que este artículo es la opinión de El Contraguía, y que yo mismo estaría encantado con que esta ciudad tuviera un magnífico museo dedicado, exclusivamente y por todo el año, a la Semana Santa sevillana, como otras grandes Semanas Santas de nuestro país poseen en sus respectivas ciudades. Sin embargo, a esto si se oponen las hermandades, unas porque poseen museo propio y otras porque son recelosos a la hora de ceder enseres para dicho museo. Curioso ¿verdad?

Pues bien, frente a esta ‘enfermedad’ inoculada en el acervo cofrade de nuestra ciudad, surge de nuevo, la Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza, la Macarena, donde en este año celebra los 425 años de su fundación y lo hace de manera diferente: sin salida extraordinaria (cosa que no ha dejado de sorprender a cierta parte de la prensa cofrade de la ciudad, muy dada a rankings nimios y superfluos); lo hace con sabatinas durante el año, con apertura del camarín especiales para acercar a los devotos la imagen de la Esperanza; lo hace resaltando a la coral de la Hermandad; lo hace creando acciones sociales inéditas en la ciudad; y lo hace con una exposición… sí… pero una exposición diferente, una de legajos (como le gusta decir a su hermano mayor), donde están impresos con tinta la lucha, el denuedo, el esfuerzo, la vida de todos aquellos que hace 425 años y en adelante, dieron todo eso para que la Hermandad de la Esperanza sea lo que es hoy. Textos, escritos, acuerdos, contratos, el libro de reglas original en la base, el corazón de una hermandad, ese que late en las Mariquillas del pecho de la Esperanza cada vez que un devoto la mira a los ojos.

Y como decía, de nuevo la Macarena, sí, porque la Hermandad de la Esperanza cambió esteticamente la Semana Santa a comienzos del Siglo XX cuando gente como Juan Manuel Rodríguez Ojeda, Joselito el Gallo o Juanita Reina, pusieron empeño y mucho más en dejar atrás a una Semana Santa lúgubre, oscura, de tono melancólico que nos llegaba de finales del XIX: un siglo de epidemias, expropiaciones de templos, desaparición de hermandades… Y aparecen, estas personas y deciden crear un «nuevo modelo de hermandad», más vistosa, más alegre, más estética y gusta tanto que todo empieza a reflejarse en otras y la idea prospera…

Esa ‘nueva semana Santa del siglo XX’ es la que llegó hasta este comienzo del siglo XXI, donde podemos correr el riesgo de ‘morir’ de éxito, quizás y solo este contraGuía dice quizás, este nuevo modelo de celebración de aniversario y expositivo pueda generar un germen que nos lleve a una mejor medida de lo que es y debería seguir siendo nuestras Hermandades.

Si eso ocurre y sirve de ejemplo, habrá sido de nuevo, la Macarena.

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