Pero no todo iban a ser luces. Es cierto que todas las hermandades han podido realizar su estación de penitencia gracias a la estabilidad meteorológica que ha reinado durante estos siete días, pero no deja de ser verdad que al salir todas aumentan los riesgos de que ocurran percances.
El Domingo de Ramos es, quizá, el día más bonito de la Semana Santa. Domingo de palmas, de cielo azul pero no fue tan espléndido como nos hubiera gustado. Al palio de la Hiniesta se le rompía un varal en la calle Sierpes generando más de treinta minutos de retraso en Campana. Su hermano mayor pedía disculpas públicamente al día siguiente. Además, el pollero de la Virgen de los Dolores y Misericordia de Jesús Despojado se rompió en la calle Zaragoza obligando a hacer algunas levantás a pulso, aunque fue solucionado sobre la marcha.
El Lunes Santo fue de esos días en los que sabes que estás en Sevilla porque hay nazarenos por las calles, pero que no terminas de ubicarlo debido a la muestra exagerada de «catetismo» que nos rodeaba. El Rey Felipe VI visitaba la capital con la intención de ver algunas de nuestras cofradías. Santa Genoveva por el parque, visita al Museo, ratito en Campana y salida de Santa Marta. Hasta aquí todo aparentemente normal. El problema vino en la plaza de la Campana. Tras haber llamado el buen hombre, no sin ayuda, al palio de la Virgen del Rosario y del Rocío y haber recogido estampitas para montar su propio álbum cofrade de Panini, el monarca se marchaba hacia San Andrés, no sin antes ser ovacionado por el público de una Campana llevada a la manifestación más exagerada de «monarquía» absoluta. Público en pie, sobre las sillas, mientras avanzaba el palio de la Virgen del Rocío. Tremenda la falta de respeto hacia la imagen de la Dolorosa que debía ocupar todas las miradas.
El Martes Santo tuvo como protagonista al excesivo retraso de las cofradías por Carrera Oficial,donde incluso el palio de la Candelaria entró cuarenta y cinco minutos más tarde. Todo ello conllevó que las últimas Corporaciones del día entrasen pasadas las 04:30 de la mañana, horas poco propicias para que aún sigan discurriendo cofradías por la calle. Por otra parte, la inexperiencia de los nuevos capataces de San Esteban le jugó una mala pasada al paso de palio, dónde uno de sus varales quedó enganchado en la puerta ojival de la Parroquia en su salida.
El Miércoles Santo fue otra de las jornadas con retraso en Carrera Oficial, donde se acumularon un total de hasta cuarenta minutos. Por un lado, el fallo en el cajetín del Crucificado del Buen Fin en la salida provocó que la Corporación no llegase a la hora fijada a Campana. Por otra parte, el discurrir del Baratillo por Carrera Oficial, provocó un parón al Cristo de Burgos y las Siete Palabras, que aguardaban en la Plaza del Duque y Alfonso XII, respectivamente. Otra de las decepciones fue el «andar» del palio de la Virgen de la Palma bajo los mandos de los Hermanos Ariza, dónde muchos hermanos y cofrades lo calificaron como «pérdida de identidad».
El Jueves Santo fue quizás el día con menos sobresaltos de la Semana Santa, todo transcurrió con total normalidad. Los Negritos tuvo que soportar, un año más, que finalizaran los Oficios para poder hacer su Estación de Penitencia a la Catedral.
La Madrugá fue sin duda la jornada más conflictiva de la semana. En la calle Orfila y Javier Lasso de la Vega se vivieron momentos de pánico, histeria y de las temidas «carreritas» al paso del Silencio, provocado por la huída de unos jóvenes de la Policía tras una reyerta en la Plaza de la Encarnación. La Corporación ha pedido responsabilidades al Ayuntamiento sobre estos hechos, reuniéndose el pasado miércoles con el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido y los hermanos Mayores de la Madrugá. Zoido ha prometido investigar sobre estos hechos para que no vuelva a pasar. Por otro lado, Sacyr, la empresa propietaria de las Setas de la Encarnación, prohibirá el próximo año la concentración de botellonas en las inmediaciones.
Otro de los hechos lamentables de la Madrugá fue lo ocurrido en la Macarena a su paso por la calle Cuna, dónde se concentraron los trece tramos de nazarenos de Virgen en muy pocos metros, algo que podía haber acabado en tragedia. Sobre este tapón, el Hermano Mayor de la Corporación, Manuel García se excusó afirmando que los walkies talkies no funcionaban y que la Hermandad de los Gitanos no tenía constancia del cambio de itinerario de la Macarena provocado por un escape de gas en Monte-Sión.
Sorpresa y estupor al paso de la Virgen de la Presentación del Calvario por el Postigo y calle Arfe.Algunos pensaron que el palio iba acompañado con sones trianeros. Se trataba de la Banda CCTT San Juan Evangelista que abría el cortejo de la Esperanza de Triana, y que iba justo detrás del palio del Calvario, estropeando el momento de sobriedad y recogimiento (minuto 06:45). Por desgracia no es el primer año que ocurre.
Las cámaras de Canal Sur captaron este año la entrada de la Macarena y la Esperanza de Triana. A pesar del retraso de casi una hora en la entrada de ambas Corporaciones, los espectadores tuvieron la impresión de haber estado presenciando una especie de «competición» para ver cuál de las dos Dolorosas cerraban la Madrugá. Este año el «ojo del halcón» dio como «ganadora» a la Esperanza de Triana por escasos tres segundos.
El Viernes Santo se pudo ver un hecho insólito al paso del Cachorro por Triana. Una mujer lanzó las cenizas de su marido al paso del Cristo de la Expiración alcanzando éstas al capataz, Ismael Vargas. El Hermano Mayor del Cachorro, Marco Antonio Talavera ha afirmado que el sitio de las cenizas de los hermanos difuntos están en el columbario de la propia Basílica y no encima de un paso.
De una Carrera Oficial atestada de personas a una Carrera desangelada al paso de la Resurrección, donde incluso las sillas y los palcos estaban totalmente recogidos con los camiones en la puerta para retirarlas. Poco respeto y seriedad a esta Hermandad de Penitencia, que muy a pesar de los cofrades eruditos de palco de la Plaza de San Francisco, es la que cierra la Semana Santa.
De forma global, fue una Semana Santa dónde la seguridad brilló por su ausencia en numerosos puntos. No hicieron ningún efecto los carteles puestos por el Ayuntamiento prohibiendo utilizar las famosas «sillitas» en los puntos más conflictivos. En calles como Orfila, Cuna, Plaza del Salvador, Francos, o Cuesta del Bacalao se pudieron ver auténticas «Carreras Oficiales alternativas» con la presencia de varias filas de «sillitas» que impedían el paso de las personas. Además todo ello estuvo acompañado por cáscaras de pipas, botellines de cerveza y demás basura esparcida por todo el suelo, dejando un aspecto bastante lamentable tras el paso de cualquier cofradía.
Fue la Semana Santa de los «palitos selfies«. Menos de los esperados, pero abundantes. Se podían adquirir a pie de calle por un módico precio gracias a los vendedores ambulantes. Los «palitos» llegaron a a golpear a algún paso en alguna ocasión produciendo la inevitable queja de los allí presentes. Además de estos «palitos», hubo numerosas quejas tanto del público como de las cofradías que pasaban por la Plaza del Salvador, con motivo de la «cabeza caliente» instalada por parte de una televisión local, que impidió en muchos momentos la visión del paso, además del peligro constante al ponerse dicha cámara tan cerca de las Imágenes. Algunos pasos se vieron obligados a parar o ralentizar su discurrir. Todo para la audiencia a costa de las cofradías y el público.
