Mientras haya vida, habrá Esperanza

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La RAE (Real Academia Española) define la Esperanza en su primera acepción como: «estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos».  

La Esperanza es, según para quién, ese clavo ardiendo al que agarrarse en situaciones difíciles, esa mano amiga que consuela ante el problema, esa mirada cálida que calma el dolor, la fuerza que sale de dónde no sabíamos que la había para enfrentarnos al rompecabezas más complicado que la vida nos plantea.

Tiempos complicados que vivimos, tiempos dónde la desesperación se apodera fácilmente del ser humano, tiempos dónde el hastío y el tedio de la situación social de un país asola con fuerza en cada uno de nosotros, apretando cada vez más una soga al cuello que por suerte y de momento, no ahoga.

«La Esperanza es lo último que se pierde», positividad en estado puro enmarcada en la Fe, en creer que es posible, que todo llegará…tarde o temprano, pero llegará. La Esperanza que no deben perder, aquellos que sufren los desahucios dentro de un sistema enriquecido por la corrupción de quiénes dicen luchar por los derechos. La Esperanza viva de que el timón del barco los arríe en otro puerto y los ancle a una situación mejor.

Esperanza para los enfermos. Para aquellos hospitalizados que reciben los cuidados de estas Divinas Enfermeras de bata verde. Para los pequeños y mayores que hacen de su segunda casa un lugar frío e incómodo, e incluso para los familiares, que en la mayoría de las ocasiones, son los que mas sufren la desolación de un túnel sin luz. La Esperanza de la evolución, de las sonrisas rejuvenecidas, del brillo renovado de los ojos, de la fuerza que vuelve a nacer como aquel niño cada 25 de Diciembre, y que viene para quedarse en cada uno de nosotros. Las caras de ilusión que impregnan un ramillete de armaos, de plumas blancas, como el ramillete de esmeraldas de su pecho, como el ramillete verde, verde Esperanza.

Un futuro mejor. Una oportunidad de porvenir. La Esperanza de aquellos que han salido de su casa buscando una vida mejor, una estabilidad laboral, aquellos que tienen lejos a sus seres queridos, y que en muchos casos, como decía el anuncio, «no pueden volver a casa por Navidad». La Esperanza de quiénes han sabido plantar cara a la tempestad, a los que aún confían en que tras ella, vendrá la calma. Como aquella que cruzara por vez primera en un barrio del arrabal, el Puente de Barcas, complicado sí, imposible no.

Esa Esperanza para aquellas personas donde la Soledad se convierte en su única compañía. Para aquellos que sufren dificultades económicas y necesiten dar una vida digna a su familia. Aquellas, que consumidas por la oscuridad, sean capaces de encontrar ese Sol resplandeciente que ilumine la expectación de un nuevo camino a seguir, y puedan ser llevados hacia un nuevo renacer.

Por todo ello, en este día tan señalado, es cuando tenemos a Ella siempre presente, ya que, mientras haya vida, siempre habrá Esperanza.

Estrella Carreño, Carlos Iglesia.

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