Hoy conocemos a Paco Ortiz, vestidor durante más de 40 años de imágenes como la Virgen del Refugio, la Virgen de la Salud de San Gonzalo, o la Soledad de San Buenaventura su mayor devoción. Tajante y sincero se muestra el capellán de la Capilla de la Universidad, repasa como está el mundo de los vestidores en la actualidad y no deja indiferente a nadie “La Virgen de la Soledad de San Buenaventura en Semana Santa no me gustó”.
-¿En primer lugar que se siente al vestir y tener tan cerca imágenes, como la Soledad de San Buenaventura o la Virgen del Refugio, que tanto aman los sevillanos?
Yo como vestidor que soy, lo primero es que tienes que estar muy en contacto con la imagen, no hacerles caso a las personas que tienes al lado, de hecho yo a todas las vírgenes que he vestido no he querido tener a gente a mí alrededor, las camareras y nada más. Porque a mí me están dando alfileres y yo estoy rezando, que es lo que tienen que hacer todos los vestidores, porque estás con la Virgen santísima no con un maniquí, como hay ciertos vestidores que se lo creen, y eso no debe ser.
-¿Qué opina de cómo está siendo vestida la Virgen del Refugio en la actualidad? ¿Muchos cambios con respecto a su trabajo?
No ha cambiado mucho, porque la actual Junta de Gobierno ha buscado que se siga manteniendo el estilo que yo implanté, y eso se lo tengo que agradecer. No como hay otros vestidores que llegan y cambian, algo que ya fue censurado en la Soledad de San Buenaventura, en cuanto a la forma en la que fue vestida la Virgen para el Besamanos.
–Desde su experiencia como vestidor, ¿Se han perdido los valores de lo que es en realidad la Semana Santa de Sevilla y las Hermandades?
Como sigan así, sí se van a perder. El ser vestidor hay que sentirlo, y hay que llevarlo en el corazón, pero no como que estoy en el escaparate vistiendo a un maniquí. Hay que llevar las cosas con un sentimiento, y sabiendo que estas vistiendo a la Madre de Dios, y no a una muñeca.
-¿Por qué deja usted de ser vestidor de la Soledad de San Buenaventura?
Pues porque me puse malo con la pierna, y le avisé al Hno. Mayor actual para que llamará a Grande de León. Además ellos ya me dijeron que yo con la enfermedad y la edad era mejor que lo dejase. Yo no me opuse, pero que trate a la Virgen como yo, y que le guarde el sello que le he dado, el cual no se le ha guardado. A mí me hubiese gustado continuar, tengo fuerzas.
-¿Cuál es su actual relación con la Junta de gobierno de la Soledad de San Buenaventura? ¿Y con Grande de León?
Me llevo muy bien, puesto que aprecio muchísimo tanto al Hno. Mayor como a los priostes. Pero las cosas que a mí no me gustan no las voy a aprobar. Mi relación con Grande de León es correcta, yo lo único que le pido es que guarde el estilo que tenía la Virgen.
-¿Qué opina del trabajo de Grande de León en la Soledad? ¿Le gusta cómo está siendo vestida la Virgen?
¿Por qué viste la Piedad del Baratillo tan bien y no le ha cambiado el sello? ¿Por qué nada más el cambio lo hace en la Soledad de San Buenaventura? No lo veo correcto.
-En la pasada Semana Santa una de las imágenes más llamativa fue la de la Virgen de la Soledad de San Buenaventura, tanto por su vestimenta como por la disposición de su mano derecha, ¿Qué impresión le causó a usted?
A mí no me gusto, ni a muchos hermanos, y se lo censuraron hasta el Sábado Santo cuando se lo fue a quitar. La Virgen nunca se había visto así con la “manita”.
-¿Qué opina usted de cómo son vestidas en la actualidad las imágenes?
Hay algunas que están preciosas vestidas. Cada imagen tiene que tener su sello, el que mejor le vaya, nunca hacer copias de otras. Cada vestidor le tiene que dar a cada imagen el suyo personal, no hacer cosas raras. Yo no estoy a favor de que cuando haya un cambio de vestidor se produzca un cambio drástico. Un vestidor lo tiene que ser de una imagen mientras pueda, el mayor tiempo posible, cogerle cariño.
-¿Por qué empieza a ser usted vestidor?
Siendo monaguillo en Santa María la Blanca al cabo de un tiempo comencé a vestir a la Virgen de las Nieves. Yo tenía un amigo que era hermano de la Soledad de San Buenaventura y a raíz de él entré en la cofradía. Cuando yo llegue allí todo el mundo sabía que vestía a la Virgen de Gloria, y el prioste de la hermandad del Viernes Santo me ofreció vestir a la Soledad. Cuando llegó el mayordomo dijo con asombro “¿Quién ha vestido a la Virgen?”, yo temblaba, y entonces me dio la enhorabuena y exclamó “¡Bendito sea Dios, ya tenemos vestidor!”. Y a partir de ahí comenzaron a llamarme de más Hermandades.
–Por último, dígame cuál es la imagen a la que guarda mayor devoción, y que significa para usted…
Ya cada una tiene un poquito, pero la Soledad es mi mayor devoción. Para mí lo es todo, mira mi madre murió el segundo día del septenario de la Virgen, y eso me lo puso ella de prueba, fue el dolor más grande. Pero digo “Madre yo solo no me he quedado, me he quedado contigo”, concluye emocionado.
